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Seguir machacando en caliente por la gastronomía

Por Alejandro Maglione

Vamos a insistir en uno de los principios que nos guía a los muchos que bregamos por la defensa del negocio de la gastronomía: es el principal consumidor de mano de obra, fuera del empleo público, ya sea en forma directa en los bares, cafés y restaurantes, sea generándola en los proveedores con el consumo de sus productos.

Hace ya 4 meses, en este mismo espacio, escribimos una columna que se tituló “El fisco tiene que decir AHORA a la gastronomía los incentivos para reabrir” (escribir “hace 4 meses” da cierto escalofrío) donde en uno de sus párrafos se lee: “Nos referimos no a préstamos a tasas convenientes, que es de público y notorio que no llegaron sino a una minoría de las pymes que lo precisaban. Los bancos se resistieron a otorgar créditos a comercios cerrados y sin facturar. Pero desde el estado no advirtieron que los “beneficiarios” recibieron la medida como la hubieran recibido pasajeros del Titanic que al momento del hundimiento les hubieran querido cobrar los salvavidas.  De lo que estamos hablando es que, hay que imitar  a los países del mundo que han servido y sirven de modelo para el manejo de la dichosa cuarentena, que han desgravado de diversas formas a los comercios que reabran sus puertas”.

El gobierno de la CABA tuvo un gesto de destacar hace pocas semanas, que fue el anunciar que por 6 meses no cobrará el gravamen a los Ingresos Brutos –gabela a la que los tributaristas no cesan de encontrarle defectos de todo tipo, dicho sea de paso-. Los propietarios de los establecimientos gastronómicos, agradecieron, pero dijeron: no cobrar en los meses que tendremos menos ingresos, es bienvenido, pero manifiestamente insuficiente.

Todos entendemos lo de la “manta corta” que no logra abrigar a todos, pero aquí de lo que se trata es alentar a un sector que lo que hace es sacar a la gente de la rueda perversa de los subsidios. Los ciudadanos de bien, quieren un trabajo con un sueldo no un subsidio y el sector que hoy se los asegura de inmediato es la gastronomía en todas sus formas. Además, se trata de un oficio que requiere más actitud que aptitud.

Falta mucho, es lo que deben entender el fisco nacional, provincial y municipal. En la CABA hay “curiosas” visitas de inspectores, que no entendiendo que el momento MUNDIAL que estamos viviendo es de excepción, se presentan a exigir normas inaplicables en las actuales circunstancias. Por ejemplo, le reclamaron a un restaurante que había puesto en la vereda calefactores a garrafa, recordando que el uso de garrafas está prohibido en la CABA. ¿No hay nadie que les explique que “algo” cambió en el mundo y por lo tanto en la ciudad? ¿Es exceso de celo u otra cosa?

El consumo eléctrico tiene un IVA especial del 27% que los locales no lo pueden pasar a ningún lado. ¿Es imposible meterle mano al asunto? Siendo que la electricidad es uno de los servicios que en este país se sanciona por consumirlo: más se consume, más caro se cobra el kw.

Hablando del IVA, siendo que en el mundo donde la gastronomía es considerada un salvavidas para los desocupados, este impuesto fue acotado al máximo, ¿qué espera el fisco de la Nación para hacer lo propio?

Muchos restaurantes que tienen enormes ventanales de piso a techo hacia la calle, le vienen proponiendo a la CABA quitarlos de alguna forma y que esa parte del salón que quedaría al “aire libre” de alguna forma, le permitan usarlo con todos los recaudos y limitaciones, como si se tratara de un patio. Los que lo intentan dicen que los funcionarios a cargo no resuelven nada. Se toman todo el tiempo del mundo, porque parece que para ellos el cierre de 3000 establecimientos no hace diferencia con 5000…

El listado de ayudas por realizar es larguísimo, donde también ocupan su lugar las gravosas leyes gremiales, pensadas también para otro mundo, no otro país. A un propietario de local cerrado, que no pudo trabajar, le dijeron: “no tiene ingresos y su personal no trabaja, pero yo le rebajo 30% de sus aportes”. Es decir, con 0 ingresos, 70% de gravamen…

En una provincia hay un resurgimiento de los contagios, siendo que ya habían habilitado la actividad gastronómica en forma controlada. Se levanta un día el gobernador y dice “cerramos todo de nuevo”. Lo que el gobernador ni ninguno de los miembros de su gobierno tomaron en cuenta fue que la decisión se tomó un viernes a la tarde, cuando los comerciantes tenían sus heladeras llenas de mercadería perecedera, que nuevamente tuvieron que regalar con la pérdida consiguiente. No se miden las consecuencias ni los perjuicios que ocasionan a las personas, tan graves como el contagio del virus.

Siguen creciendo el número de los remates semanales de material para la gastronomía, que venden los locales que cierran. Se inundan las ciudades de carteles que dicen “Se Alquila” donde antes hubo un bar o un restaurante. Pero la insensibilidad está exhibida casi obscenamente, porque ese “no hacer” o “dejar pasar” está a cargo de funcionarios que han cobrado puntualmente sus sueldos y viáticos durante estos interminables 7 meses. ¿Es TAN difícil entender que con escuchar los problemas no basta, sino que hay que resolverlos?

El párrafo final es el mismo de la mencionada nota de hace 4 meses atrás: “Ojalá que el estado comprenda, en sus diversos niveles, que la vaca muerta no se ordeña y que lo mejor es alimentarla para que no muera y pueda volver a producir. El momento de los anuncios es AHORA, ya, muy posiblemente, el día después será demasiado tarde. La ecuación es sencilla y dramática: el 100% de 0 es 0…”.

(Perdón, reparo en que “el día después” es hoy y se perdieron 4 meses, lo que nos recuerda aquel pensamiento del filósofo alemán Arthur Schopenhauer: “Quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo: tal significa la palabra desesperado”. Y los desesperados son peligrosos para todos…

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