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Sabe la tierra

Sabe la tierra

Tina sale de feria. Y con nuevo candidato. Parece que hay amor entre los canastos de frutas y verduras, los budines de limón y amapolas y las pizarras dibujadas con mensajes para cuidar el medio ambiente. ¿Hay amor?

Estuve toda la semana esperando que fuese fin de semana para aprovechar para salir a pasear, y especialmente para conocer Sabe La Tierra en San Fernando. En las últimas semanas me lo recomendaron varias veces, y con lo que me gustan los mercados y ferias al aire libre me lo anoté como prioridad en la lista de lugares a conocer.

 

Llega el tan esperado sábado. Me levanto temprano con intenciones de ganarle al frío y para mi sorpresa (y alegría) el cielo no está gris. Brilla el sol y hay unas poquísimas nubes en el horizonte, un éxito. ¿Alguien ha notado lo silenciosas que son las mañanas de los sábados? Hay como quietud, una tranquilidad particular; qué contraste con un 9am en el microcentro de la ciudad, ¿no?

 

Paré a comprarme un venti caramel macchiato en Starbucks, y después pasé a buscar a Belu, que me había llamado la noche anterior para decirme que tenía novedades y que si el tiempo estaba a mi favor se sumaba a la excursión por San Fer.

 

Estaba bastante segura de que me iba a decir que estaba embarazada, porque hace unos meses que están buscando, ¡pero no! Belu quería decirme que tenía un candidato perfecto para presentarme, un amigo de su novio Maxi, y que si me divertía podían unirse a la salida más tarde, y almorzar juntos en el Tigre en el restaurante de Juliana López May.

 

Obviamente le dije que sí, pero que para plantearme esa pavada me lo hubiese dicho por teléfono y antes de salir, así le dedicaba un poco más de tiempo a decidir qué ponerme. “Pero si vos estás siempre divina”, me dice Belu. Por suerte, después de aquel encuentro con Martín y mi outfit impresentable, no me animé a salir a ningún lado tan como que si no me importara la cosa; así que sí, estaba bastante presentable.

 

La feria me encantó, y el candidato más todavía. Estuvimos un rato paseando por los puestitos de productores locales entre los andenes del Tren de la Costa. Entre pizarras dibujadas con mensajes de consumo responsable, comercio justo y flores, me sentí de viaje otra vez, descubriendo cosas nuevas pero en mi Buenos Aires, y sonreí.

 

Después de comprarme una canasta enorme de frutas y verduras y un budín de limón y amapolas para la tarde, nos encontramos con Maxi y candidato en Boulevard Sáenz Peña, una especie de bodegón restaurante, galería de arte y bazar vintage.

 

El almuerzo estuvo muy divertido. Hicimos una especie de pedido comunal de sándwiches y ensaladas y compartimos todo. Ensalada de salmón ahumado, con brie y almendras tostadas; otra de rúcula, albahaca, higos, nueces, queso azul y jamón de parma; sándwich con vegetales asados, jamón crudo, bocconcino y pasta de berenjenas.

 

Candidato es alto, morocho, gracioso, viajado y exitoso. Mientras caminamos hasta el auto me dice que la próxima me invita a comer solos a uno de sus restaurantes favoritos. Le pregunto cuál es y me responde “mi casa”; nos reímos y me dice que no, que tiene un lugarcito de comida thai en el Barrio Chino que me va a encantar. Le dije que Lotus también era uno de mis restaurantes favoritos, y le di mi número de teléfono. ¿Mi amiga me acaba de presentar a mi príncipe azul?

 

Tina

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