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Restaurantes ¡a usar más las redes!

Por Alejandro Maglione

En la ciudad de Buenos Aires y en muchas otras localidades del interior del país se va produciendo la paulatina apertura de bares y restaurantes. Se comenzó con autorizar el uso de las veredas, lo cual impregnó rápidamente al paisaje urbano de cierta semejanza con algunas ciudades europeas donde los clientes, a veces mayormente turistas, hacen uso extendido del consumir en las veredas o plazas aledañas.

Ahora se produjo en la CABA la apertura limitada del uso del interior de los locales, con esos debates desconcertantes de si se puede o no usar el aire acondicionado. Digresión: si la recomendación es la de tener estos espacios lo más aireados posibles ¿no sería bueno parar otra discusión más y recomendar el uso de unos lindos ventiladores de pie –siempre que no tenga los ancestrales de techo- que renueven el aire adecuadamente?

Bien, la cosa es que la apertura paulatina se va dando y cada vez más vuelve a los dueños de los establecimientos el poder de aplicar su ingenio para atraer a los clientes de regreso. Porque a pesar de los cupos, muchos se preocupan, con razón, de que el regreso de los clientes no es el esperado. Esto quiere decir que llegó la hora de modificar el antiguo comportamiento de abrir las puertas y sentarse a esperar a que vengan los clientes.

Quizás como nunca llegó el momento de comunicarme con los clientes de la forma que sea. Siempre son útiles las campañas conjuntas de bares y restaurantes, como la que hicieron en San Martín de los Andes de difundir un mensaje a la comunidad convocándola a visitarlos: “Vengan a comer que nosotros los cuidamos”. Con mensajes como éste y con propuestas de días promocionales para que se sienten en sus mesas, les hicieron saber a los vecinos que son más bienvenidos que nunca y, sobre todo, por ser un lugar turístico, que los precisan para poder reabrir y mantenerse reabiertos.

¿Cómo hablarle a los vecinos y clientes en las grandes ciudades? La cosa pasó y pasa por la adecuada utilización de las redes sociales. Comunicarme con mis clientes y los que todavía no lo son. Quién más quién menos tiene un hijo, sobrino, hermano de la novia o lo que sea, que tiene cierta habilidad para diseñar y manejar las redes sociales. Y si no lo tiene, contrate uno, que tampoco tiene un costo dramático y vale la pena asumirlo. Entonces, viene el preguntarse qué hacer con las redes sociales. Hay varios caminos alternativos o simultáneos:

  • Dé a conocer promociones del tipo que se le ocurra. Días especiales –que siempre serán los habituales de baja concurrencia- con menús de promoción. Haga sorteos entre los clientes que signifiquen una cena, con menú fijo, para dos personas. Sortee una botelle de vino durante determinados días y horas entre los presentes. Varios han obsequiado a sus clientes con barbijos o una gorra con el logotipo del lugar, cuando no un sencillo delantal, siempre útil para el cocinero amateur.
  • Promueva también regalos al azar para los consumidores de deliveries o hagan la modalidad del take away, que luce que llegó para quedarse en muchos lugares.  Sorpréndalos.
  • Responda a quienes se comunican con su establecimiento en las redes. Muchos preguntas por horarios de apertura y cierre. Otros consultan sobre los menús y sus precios. Ni hablar de los que intentan reservar un lugar desde su sitio. Son tantos los sitios en que le ofrecen dejar un mensaje y luego nunca nadie responde, que es preferible no ofrecerlo si no voy a tener alguien que se ocupe de eso.
  • Hay que informar en las redes cualquier acción que se haya hecho o se esté haciendo durante estos meses o semanas en pro de la comunidad. Son numerosos los casos en que generosamente se alimentó a personal de sanidad o seguridad acercándoles viandas a sus lugares de trabajo, que comunicarlo no debe lucir como que se está alardeando de generoso. Es un hacer saber simple, que además suele servir para estimular a que otros lo hagan. Es buscar la emulación, más que la ostentación.
  • No se canse de comunicar una y otra vez las medidas de seguridad que ha tomado en su lugar para que los clientes se sientan seguros. Exhiba al personal fumigando. Muestre si tiene los cubiertos y servilletas en bolsas cerradas herméticamente. Que los mozos se vean adecuadamente protegidos. Muestre su salón con las mesas separadas como mandan los protocolos. Deje ver su cocina con medidas de higiene reforzadas.
  • Organice un concurso entre los clientes con fotos de sus platos subidos a las redes. Y si aparecen ellos en la foto, doble chance de ganar.
  • Quizás sea una buena idea que en sus mensajes de Instagram aparezcan esos mozos “de siempre” instando a sus clientes ídem a que vengan a su lugar preferido, que ellos también los esperan para atenderlos. Esta horrible experiencia ha permitido conocer centenares de casos donde los patrones y su personal trabajaron codo a codo para evitar que se hundiera la nave en que navegan juntos.
  • Muchos ya lo hacen, pero sigue siendo un buen recurso subir fotos con los platos del día. Quien más quien menos, se deja tentar por la foto de un buen bife de chorizo, unas milanesas doraditas o ese plato de canelones que hace tanto que no come. Nunca es redundante hacerlo. Perdón, no deje de subir unas verduras braseadas para los vegetarianos, mire que la tendencia sigue en crecimiento.
  • Hay que estar atentos a los posteos elogiosos de los clientes para reenviarlos por las redes propias. Muchos se limitan a ponerles un corazoncito de agradecimiento, pero eso no basta. Lo mejor es aprovecharlos replicándolos en las redes propias.
  • Muchos cocineros-propietarios tuvieron el ingenio de enseñar a preparar platos sencillos que sirven en sus restaurantes, compartiendo sus recetas y trucos más íntimos. Esto genera una sensación de proximidad entre el lugar y sus clientes. Todavía son muchos los lugares donde no se conoce la cara de sus cocineros, por lo que verlos compartiendo sus secretos genera una inmediata empatía.
  • Por fin y, por último: agudice el ingenio para innovar en su comunicación. Ajuste sus precios al máximo, sus clientes también sufrieron la pandemia. Acorte su menú. Haga que sus clientes al irse sientan que recibieron un poco más de lo que esperaban, porque usted se preocupó de sorprenderlos.

Como nunca, este es un momento del “todo vale” o del “nada es suficiente” en la realización de esfuerzos y la utilización de atajos para atraer a sus clientes. La suerte siempre ayuda, pero hay que aguzar el ingenio y dejar de lado el pernicioso “sálvese quien pueda”. Los argentinos no dejaremos de salir a tomar algo o a comer fuera de casa, eso téngalo por seguro. Pero hay que alejar los miedos y sentir que nos están esperando a que volvamos.

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