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No todos sufrieron la pandemia, algunos la surfearon

Por Alejandro Maglione

Ha sido interesante ver como distintos sectores de la enogastronomía encararon el tsunami económico que significó y significa esta maldita pandemia.

Por ejemplo, fue un año de cumpleaños notables. Veamos.

Chandon Argentina celebró como pudo sus 60 años de  radicación en nuestro país. Los fastos que tenían preparados desde hacía bastante tiempo atrás –estos muchachos hacen las cosas con tiempo- tuvieron que ser postergados y reemplazados por un ingenioso Zoom, en el que invitaron a participar a periodistas destacados en un primer término, y en uno segundo para clientes y amigos de la casa.

Previamente nos llegaron cajas de espumosos que señalaban hitos en la vida de la empresa. Y separada, solita, una magnum fabulosa con un riquísimo espumoso que se lo había hecho reposar sobre sus lías por 60 meses, que representaron los 60 años.

En el Zoom hubo una charla del querido historiador Daniel Balmaceda, que fue asociando a los hitos de la empresa con momentos de la historia del país. Algunos notamos que, desde el año elegido para instalarse en nuestro país, casi calculadamente, Chandon ante cada contrariedad fue por más. Así pasó en 1990, como en el 2001. Mientras muchas empresas se preguntaban sobre cómo sobrevivir, Chandon sacaba su Extra Brut; o ponía en el mercado al Barón B; cuando no apareció el Délice, para sorprendernos con el Apéritif en medio de la menesunda que significó el final del gobierno de Macri.

Fuentes “habitualmente bien informadas” recordaron que todos los saltos hacia adelante se hicieron con recursos propios, porque no faltó algún distraído que comentara: “claro, ¿por qué les iba a preocupar la situación del país, si descolgando un teléfono le llegaban los recursos necesarios de Francia?” Pero no, la verdad muy confidencial es que todo se hizo en base a pesos, no a francos ni euros, para desilusión de los escépticos. Además, ninguna empresa tiene porqué andar explicando de dónde salieron los recursos con los que generó su desarrollo, ¡que tanto!

Luego aparecen los Cabrales y recuerdan que su empresa familiar cumple este año 79 años desde que el abuelo Antonio la fundara en 1941. En todo este tiempo no han parado de sacar nuevos productos al mercado, con su producto estrella “La Plata del Café” siempre liderando. Visitar su local porteño es encontrarse casi siempre con un café nuevo para degustar.

 Se podría haber pensado que este año se habrían “tranquilizado”. Pues no, Martín Cabrales acaba de anunciar en el programa “La Isla de los Sibaritas” que están prontos a inaugurar el segundo local en Buenos Aires en el centro comercial que ocupará lo que fuera la vieja cochera presidencial sobre la avenida Leandro N. Alem casi Av. Córdoba.

Pero los Cabrales no paran allí. En el mismo programa, Martín anunció que acababa de firmar el acuerdo de comercialización con el grupo Cipriani para traer sus productos al país. Estuve a punto de preguntarle “¿en un momento como éste?” y recordé que había sido la pregunta recurrente que nos hicieron a Miguel Brascó y a mí cuando resolvimos fundar la revista “Cuisine & Vins”. Miguel recordó en su editorial al celebrar el primer año, que no nos habíamos amilanado porque un día reflexionamos almorzando juntos: “casi nuestra vida entera está compuesta de “momentos como éste”.

“Quique” Cabrales, el padre de Martín, Marcos y Germán, un día almorzando me contó la historia de cómo fue que llamándose Antonio, todos le dicen Quique. La historia significó que por una picardía de su padre, engañando a su madre, lo anotó en el Registro Civil como Antonio y no Enrique, siendo que la señora deseaba decirle a su hijo Quique. El pícaro asturiano, decidió nombrar a su hijo como el dueño de las concesiones de los bares del Casino a cambio de que comprara todo el café que servían en el inmenso complejo. Don Quique contó que en la pila bautismal, cuando el cura le preguntó a los padres como se llamaría el niño, la madre quedó perpleja cuando su marido dijo “Antonio” y ella exclamó que no, que se llamaría Enrique. El flamante padre explicó delante de todos: “mujer, se le bautizará como Antonio y tú le llamarás Quique, y el niño nos hará ricos”. El hombre, ciertamente no se equivocó.

Otro cumpleaños notable es el de Bodegas Robino, que ha llegado a los 100 años, justo en el momento en que atraviesa la transición de sus nuevos dueños. Dueños que se han presentado en el mercado sacudiendo la solemnidad de la industria con el lanzamiento de su vino “Ping Vino”. Porque el vino, con un precio bajísimo, envase retornable de 880 cm3 ya había armado un menudo lío. Pero no contentos con esto, los cerveceros propietarios sacaron una publicidad que provocó no pocos desmayos y alguna que otra indignación.

A pesar de que los viejos enólogos consultados dijeron que no les importaba nada de lo que hicieran “mientras se venda más mosto”, cuando la sangre amenazaba llegar al río, los nuevos dirigentes de Robino retiraron la publicidad ¡pero dejaron plantado el vino!

Viejos lobos de mar recordaron que la técnica de la publicidad “escandalosa” siempre había dado resultado en nuestro país. Sus añejas memorias conservan aún esas publicidades que tuvieron que ser retiradas de la vista del pública, finalmente quedaron impresas en sus recuerdos para siempre.

Y los de la bodega Robino dijeron: “¿así que esto los molestó?” Y tras cartón pusieron en el mercado un espumoso que se llama: 2020/ LPMQTP. Nadie dijo ni mus, al fin y al cabo, en España hay un vino que se llama “De Puta Madre” y a todos les parece muy simpático.

Como sea, en medio de toda la sordidez de la situación mundial que afecta al país, por suerte algunos se levantaron por encima de la angustia como el sector enogastronómico que nos llenó de buenas noticias, con claras señales de que están yendo por más.

Ojalá que las sorpresas que vayamos recibiendo sean de este tenor, al fin y al cabo, nos las merecemos. ¿No es cierto?

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