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¡NEGRONI, QUE GRANDE SOS!

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Por Couto.

El Centenario del Negroni, mi cocktail favorito, del cual reconozco haber bebido ríos a mediados de los 80´s y gran parte de los 90´s, me movilizó a acercarme a nuestro teatro Colón y así sentirme parte de un merecido homenaje al célebre trago que forjó parte de la historia de mi vida.

Campari, es el más grande aperitivo italiano, sin Campari, al Negroni le faltaría el corazón que lo ayudó a vivir y trascender la historia de múltiples generaciones hasta ser considerado actualmente; una celebridad entre los tragos.

Si bien la coctelería mundial tuvo momentos en que pareció perder esplendor, recuperarlo y así ir oscilando, El Negroni, nunca dejó de ostentar su supremacía, de ser una mítica estrella en el podio de las barras del mundo.

Con mucho acierto Gustavo Dominguez, capitaneando el Campari Group Sudamérica, decidió evocar y celebrar la historia de tan maravilloso trago en un teatro icónico de la lírica en Argentina, el magníficamente remozado Teatro Colón, que en el marco de los festejos mundiales en honor al trago, sirvió como perfecto ámbito para recorrer desde su escenario, las distintas etapas del derrotero del omnipresente, Negroni.

Ajustadísima performance pudo vivirse recreando su trayectoria bajo el acertado relato y dirección artística de Roberto Antier, eximios bailarines perfectamente lookeados y la precisa orquestación dirigida desde el foso por el maestro, Tomás Mayer Wolf.

NEGRONI, SU NACIMIENTO:

La historia del Negroni se remonta a la romántica Florencia, donde precisamente 100 años atrás, el ya hoy mitológico Conde Camilo Negroni, pergeñó por satisfacción personal como adepto a la coctelería y al estaño, un tan perfecto cocktail que nunca imaginó iba a terminar trascendiendo fronteras y haciendo felices a millones de personas, traspasando las barreras culturales e idiomáticas.

Todo ser humano sea cual fuese su creencia política, religiosa o casta social, ha caído de bruces si gusta de beber, ante la perfección absoluta de un Negroni.

Me emociono de pensar en la absoluta contemporaneidad del Negroni, como a mi me supo introducir a un mundo fascinante, sofisticado y elegante como el de la coctelería con sus buenas costumbres y caballerosidad.

Fui el primer periodista radial en hacer más de 400 cocktails en vivo y me siento hoy orgulloso de considerar que he hecho mucho a través de mis medios por la difusión del Negroni.

 Gracias a la fascinación que ejerció en mí, es que mi derrotero como periodista, culminó inclinandose por la gastronomía y la bebida.

El derrotero sensorial que el Negroni, supo diseminar a través de las más prestigiosas barras de bares de todo el mundo, trascendió fronteras, idiomas, dialectos y culturas.

El Negroni, juega en primera, incursiona en la categoría de los tragos imprescindibles, hay un antes y un después en la coctelería luego de probar esta poción celestial.

Si no fuese por un clásico coctail prexistente como El Americano y a que en 1860 en Milán Gaspare Campari inventó el aclamado bitter rojo, el Negroni quizas podría no haber existido, y gracias a esto fué en 1919 la noche en que el Conde Negroni, tuvo la iluminada idea de pedirle a su bartender favorito que agregase, inspirado en su viaje por Londres, Gin Inglés en vez de soda y cambiase la ornamentación de un rulo de limón por una rodaja de naranja mediterránea.

El perfecto equilibrio logrado por la alquimia en partes iguales de Campari, Vermut Rosso y London Dry Gin, junto al hielo y la rodaja de naranja brindaron a este trago, la trascendencia de la cual aún hoy goza, un siglo después.

Fue recién en 1978 que en Argentina comenzó a comercializarse el Campari, este bitter de sabor acidulado que junto con el vermut rojo, cautivo a diario a inmigrantes italianos y descendientes de criollos por igual.

Sin Campari el Negroni no es tal.

Por eso en el marco de los festejos de los 100 años de Negroni, acertada y emocionante, resultó la moción de Campari al diseminar barras en los salones de la parte superior del Teatro Colón y ver a 40 o más celebridades de nuestra coctelería, a jóvenes y talentosos bartender, con el pecho henchido sirviendo a mansalva en tan trascendental evento, un sin número de clásicos Negronis y muy acertadas variaciones de autor entre una exultante concurrencia.

¡Ave Negroni, los que te han de beber, en tus 100 años te saludan!

¡Salud!

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