Oleo Dixit
Muy rico todo

Muy rico todo

Fue a una clase de Juliana López Mai en Mooi y se cruzó con el candidato que nunca la llama. Amor de secundaria entre panes, galletas de sésamo y torta de ricota, almendras y limón.

23 de agosto de 2013

 

Viven más de 2.891.000 personas en Buenos Aires, y dicen que no hay segundas oportunidades para las primeras impresiones… Cuando hace casi dos meses atrás me fui corriendo de Río Café a socorrer a Martín (mi ex, el que es gay), y dejé al ecuatoriano hablando solo, estaba segura de que nunca más iba a saber de él. ¿Cuáles eran las probabilidades de que volviera a cruzármelo? Nulas, ¿cierto? Bueno, not quite, esta semana me demostró que de a momentos tengo muchísima suerte, y/o que es muy cierto que el mundo es un pañuelo.

 

El lunes fui a una clase de cocina italiana en Mooi, con Juliana López May. Me había enterado de la clase hace algunas semanas, a través de uno de esos newsletters que casi siempre uno borra sin leer. Lo abrí porque me llegó mientras estaba desayunando y ya me había aburrido de leer malas noticias en La Nación. La propuesta cerraba por todas partes: lunes a las 19 horas, $280, 5 platos de cocina italiana, y en Mooi, un lugar que tenía ganas de conocer; el perfecto plan anti-lunes.

 

Llegué casi sobre la hora, pero no había mucha gente. Belgrano y hora pico, ya deben tener calculado que la gente llegue tarde. Mientras van llegando todos, te dan las recetas y limonada recién hecha. El lugar es divino; en el primer piso, una especie de living con cocina abierta. Silloncitos estampados, techos altos, paredes empapeladas con dibujos pastel, lámparas colgantes hechas con coladores y espátulas, un gran espejo para poder ver lo que está pasando sobre la mesada, la mise en place ya preparada para la clase. Le saqué unas fotos al lugar y me senté en segunda fila entre un público casi exclusivamente femenino.

 

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Juliana, siempre sonriente, preparó pan, galletas de sésamo y polenta, ensalada panzanella, rotolo de calabaza y hongos, torta de ricota almendras y limón. Explicando y mostrando todos los pasos, compartiendo tips y secretos, respondiendo a todas las preguntas del público y dando de probar a lo largo de la clase.

 

El Ecu llegó tarde, cuando ya había empezado la clase. Juliana lo saludó por su nombre y le hizo un chiste sobre su llegar tarde (debe ser habitué de sus clases, o amigo, o algo), y toda la clase se dio vuelta a ver quien había entrado. Cuando lo vi, me sentí de 15 otra vez (¿vieron cuando les gusta alguien en el secundario, y esa persona entra a la clase, y se te hace como un nudo en el estómago?).

 

Al final de la clase se arma una gran mesa degustación y te sirven un plato con un poquito de cada cosa. Entre charlas, saludos al chef, tips, contactos y comprar alguno de los productos de Juliana, el público empieza a disiparse. Yo estaba hablando con Ramiro, el marido de Juliana, preguntándole sobre la clases… y apareció el Ecu, que lo saludó a Ramiro, me miró y me dijo “hola, Tina, ¿hoy también te vas corriendo?”.

 

Charlamos un rato, tomamos un trago abajo en el restaurante, me dijo que esa noche cuando me fui de Río Café le había pedido el teléfono a Mica -dato que ya sabía-, y que nunca me había llamado porque había perdido su celular (si, ok, es poco creíble, pero ¿qué importa?). Hablamos del curso, de que lejos la mejor receta había sido la panzanella y me contó que venía mucho a las clases. Fue como una cita express de encontrar mucho terreno común, y esta vez cambiamos números los dos, por las dudas. Quedamos en hablar y vernos, pronto.

 

Tina

1 comentario

  • Que divertida parece la clase de Juliana. Ademas, muy profesional.

    En cuanto al Ecu…..tal vez mejor perderlo que encontrarlo!

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