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¡ME QUEDÉ HELADO!

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Por Couto.

Ha de ser uno de los más ricos postres, llega el verano y con él llegan las más propuestas de ricos helados.

Seguramente todos tenemos una heladería preferida o un restaurante donde los postres helados nos resultan imperdibles…

¿Pero cuánto es lo que sabes acerca del helado y su historia?

Aquí te dejo algunos ítems acerca de este dulce verdaderamente fascinante.

Desde principios de la historia, el hielo o la nieve despertaron la imaginación de los cocineros e incentivaron su creatividad para poder disponer en épocas de verano de bebidas frescas o dulces fríos y así engalanar las mesas de los banquetes de sus señores, monarcas o mecenas.

En épocas de los romanos, el tirano Nerón, dice que mataba esclavos a lo loco, en sus ínfulas de ofrecer en sus banquetes, brebajes refrescantes.

Meta latigazo, los hacía subir a los Apeninos para descender con grandes bloques de hielo, que luego eran destinados en las catacumbas de su palacio a refrescar grandes ánforas, rellenas de trozos de frutas, alcohol y hielo granizado mezclado con miel.

Los chinos, siempre adelantados se dice que hacían una especie de engrudo con arroz, frutas y poroto Aduki, el cual luego ponían en pequeños cuencos cuadrados enterrados en la nieve.

No solo podría decirse que quizás inventaron el luego llamado helado, sino instauraron la costumbre de comer helado en invierno…

Gracias a Marco Polo y su acervo viajero, se dice que cerca de 1240, este introdujo en Venecia, el helado hecho como en China.

Fue durante el siglo XV y hasta el XVII que el helado era la golosina favorita de las cortes y los Monarcas, había que tener mucho poder , guita, mosca, filo, tela o como quieran llamarlo, para poder hacer elaborar helados en esas cocinas medievales y servirlos luego en bacanales.

Allá por el 1600 y pico, cuenta la leyenda que un cocinero francés llamado Gerald Tersain, quien se había devanado los sesos, pensando cómo mejorar los helados hasta el momento existentes y fue así que se le ocurrió, agregarles leche, yemas de huevo y crema batida.

El Rey Carlos I, Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda, tenía por amante a Enriqueta María de Francia y pareciera fue ella quien arrimó a su “protegé” Tersain, a la cocina del monarca.

Cuentan que el Rey quedó tan entusiasmado con la preparación del cocinero que le ofreció una torta descomunal, no de pastelería, sino de plata mensual, para solo trabajar para él y no contar el secreto de sus cremas heladas.

Le Procope, fue el primer Café Parisino, allá por el 1700 en hacer llegar el helado al público en general, su dueño no era justamente francés sino italiano, Francesco Procopio, quien puso el lugar súper elegante, convirtiéndolo en el lugar de moda por décadas, donde la élite chic parisina, se reunía a probar los 80 y pico de sabores que llegó a tener. Ahí café de por medio, discutían sobre actualidad.

Fue un tal Jacobo Fussel, quien ni corto ni perezoso fundó la primera cadena de heladerías de Estados Unidos, esto pudo ser posible gracias a que una tal Nancy Johnson invento algo que cambiaría la historia de la humanidad, Fue la heladera, allá por 1846.  

Gastronómicamente hablando, la heladera, marcó un antes y un después en las cocinas de todo el mundo.

Un pastelero Sirio fue el creador del conocido cucurucho, los hizo con la pasta de los waffles que vendía y los retorció para dejar secar y poder contener la crema helada, por su forma de cuernos, se los conoció como “ Cornupias”.

El palillo se dice fue producto del juego lúdico de un niño gordo, que le introdujo palitos del jardín, a los helados caseros de su santa madre…

En Argentina, un vecino llamado Álvarez Campana, allá por 1758, dicen acumulaba granizo en un pozo en los fondos de su casa para elaborar con frutas, refrescos.

Recién en 1855, un 4 de diciembre ( la fecha de mi cumpleaños) aparece el primer anuncio de helados en Buenos Aires, fue así que todos corrieron en busca de su primer helado al Café de las Flores, ubicado en 25 de Mayo, dirección 41.

Miguel Ferreyra, dueño del Café del Plata, sobre la avenida Rivadavia, desde 1853 vendía helados y al igual que luego otros cafés, hacían batidos con leche merengada al estilo de Madrid.

En 1902, la familia Cocitore, inauguraba la famosa heladería El Vesuvio, con la primera máquina para fabricar cremas heladas, nacía así la primera de las heladerías Argentinas.

El Vesuvio se ubicó en la Avenida Corrientes 1181 a una cuadra del Obelisco Porteño, llegó a cumplir 100 años y recuerdo que mi querida Tía Perla quien vivía en un coqueto piso sobre la calle Corrientes arriba del desaparecido Trust Joyero Relojero, se pintaba como una puerta, se engalanaba y me llevaba a tomar helados ahí siendo apenas un niño con chaleco de terciopelo y moñito.

 Yo más que por los helados de El Vesubio, me dejaba maravillar por sus vitrales y la boiserie, original francesa.

¡Salud! 

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