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Los Zuccardi: éramos pocos y se sumó la abuela Emma

Por Alejandro Maglione

Es curioso que buena parte de los cocineros y cocineras, sean profesionales o amateur, cuando buscan en su memoria aquel momento en que se les prendió la lamparita del amor por la cocina, lo más frecuente es que aparezcan las nonas en ese luminoso momento.

No es que las mamás estuvieran ausentes, pero en esos primeros años de vida de nuestros protagonistas su memoria viaja invariablemente al olor de las comidas de los domingos en que la abuela cocinaba durante horas para recibir a toda la familia en torno de su mesa, inolvidablemente bien servida.

En la familia Zuccardi la regla se cumplió. La madre de Pepe Zuccardi (ojo, dentro de la bodega se lo debe llamar “José Alberto”) derramó en sus hijos, nietos y bisnietos, la magia de sus manos cocineras y se le ocurrió a su nieta Julia Zuccardi (la Julia, para su familia y todos los mendocinos), casada con Juan Ignacio Guzmán (a) el Mono, que había llegado el momento de recopilar y publicar esas recetas que siguen deleitando a esa familia mendocina por antonomasia.

El libro “La cocina de Emma. Recetas de una familia mendocina”, de movida vuelve a mostrar cómo se mueven los Zuccardi: en familia. Aún el mismo Pepe cede el protagonismo de los negocios de la familia a sus hijos, una muestra de talento poco frecuente en las empresas familiares, donde a los patriarcas hay que apalearlos para poder sucederlos.

Julia hizo una cuidada recopilación de recetas, donde también, escuetamente Emma explica que en sus comienzos, al casarse –el nombre del abuelo no aparece fácilmente en el libro- no tenía la menor idea de cocinar, así que espontáneamente resolvió hacerse del Libro de Doña Petrona y largarse a ejecutar sus recetas más sencillas y sabrosas. (Emma se queja de que no es fácil encontrar en el Petrona recetas sencillas).

Cada receta del libro es poco probable que los que hemos tenido la fortuna de que en nuestras casas se cocinara y mucho, no hayamos tenido la versión propia de esos deliciosos platos caseros. Sobre todo, si en nuestras casas también eran hinchas de Petrona. (No olvidemos, que allá en los años 50/60 las cocinas familiares se dividían entre las que seguían a Doña Petrona y los que seguían a Doña Lola (Pietranera).

Pero Emma reconoce que tuvo una facilidad que tienen quienes cocinan en Mendoza: la vasta cantidad de productos de la huerta, de excelente calidad, que pueden llevar a sus cocinas. Esa provincia es una bendición donde todo lo que se planta funciona y la calidad de la producción es espectacular. No importa de qué se trate: las vides, las cerezas, los membrillos, frutas y verduras de todo tipo, sandías, melones, tomates, nueces.

Incluso, Emma en sus notas cuenta que su marido decidió un día que comería vegetariano, lo cual la obligó a focalizar su cocina en esa dirección, reconociendo que no es tan fácil cocinar para vegetarianos, sin el recurso del trozo de carne salvador, que a todos satisface. Pero lo logró. Y agradece el libro al esfuerzo de sus tres nietos: Sebastián, Miguel y Julia, siendo que los agradecidos, seguramente, son ellos.

Las recetas parten de la base de eludir toda técnica culinaria a la hora de ejecutarse. Los tiempos de cocción frecuentemente se indican “hasta que esté tierno”, lo cual me recuerda un recetario muy antiguo, de la época de la colonia sobre el que decidí escribir, que indicaba que había que revolver una preparación “hasta que el segundo indio se canse” (sic) (siempre pensé que si uno de los dos indios era muy resistente al esfuerzo…¡el guiso se quemaba!).

También, Julia hace una introducción a la recopilación, donde su descripción de la mesa familiar provista por Emma hace que se nos agua la boca, y hasta de pronto percibimos los olores que salen de su cocina.

No se ve ninguna foto de la cocinera en acción, salvo la que la muestra sentada con la familia reunida, donde hasta José Alberto queda desplazado a un cuidadoso segundo plano. Hay sí, algunas fotos de la familia sentada a la mesa, donde se ve a los bisnietos disfrutando a la par de los mayores. El poeta T.S. Eliot dijo: “los hombres viven del olvido; las mujeres de recuerdos”. “La cocina de Emma” recopila esos sabrosos  recuerdos familiares.

El libro es muy recomendable y vale la pena el esfuerzo de hacerse de un ejemplar. Por la naturaleza de sus recetas, seguro que será de los que están a la mano para consultarlo.

Guía Oleo

comentarios

  • Excelente relato, buena descripción que me dieron ganas de leer dicho libro.
    Por otro lado recuerdo que mi madre también tenía el libro de Shinji Igarashi y siempre me llamo la atención como se le había ocurrido comprar un libro de un japonés en aquella época
    Gracias por sus comentarios

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