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Lo que tenía que pasar, pasó: aún se puede evitar que siga pasando

Por Alejandro Maglione

En casi total soledad, desde esta columna venimos desde el mes de abril pasado, pidiendo que los gobiernos, nacional, provincial y municipal, mantengan la atención puesta en el devenir de la industria de la hospitalidad, hoteles, bares y restaurantes, particularmente en los dos últimos.

Los argumentos que hemos usado siguen absolutamente vigentes: es un sector que genera empleo de una manera exponencial, y además, aporta a las arcas fiscales y gremiales generosos montos de dinero en diversas formas. Facilitar su resurgimiento debiera importar por estos motivos y por la sencilla reflexión de que una vaca muerta no se ordeña.

La CABA respondió eximiendo por 6 meses del impuesto a los Ingresos Brutos a la gastronomía. Ciertamente, algo es algo, pero todos sabemos que no es suficiente. El propio gobierno de la CABA sabe que no es suficiente.

El resto, hasta el momento, no ha dicho una palabra de aligerar el IVA, ganancias, bienes personales, ingresos brutos, impuestos territoriales e inmobiliarios, las infinitas gabelas que deben pagar si se pasa música o se tiene un televisor en el salón. Nadie en el Estado a todo nivel, cede un peso y siguen intentando ordeñar la vaca moribunda. Con discreción, sin bullicio, el gobierno de la CABA recuerda a sus contribuyentes bares y restaurantes que el gravamen de Alumbrado, Barrido y Limpieza sigue vigente y que los que no han pagado aún, deben presentarse a hacerlo o bien hacer alguna propuesta para pagarlo en cuotas. Ver la carta que les envían es pensar que quienes la firman viven en la “República de Trulalá”, de la que hablaba el recordado escritor Marco Denevi.

Entonces, “lo que tenía que pasar, pasó” como dice la antigua canción de Trini López: siguen cerrando definitivamente restaurantes por no poder afrontar los costos de la reapertura. ¿En qué cabeza cabe esperar a que levanten la persiana, si perciben que los fiscos están  parados  en su  puerta con las cuentas a cobrar en la mano, listos para reclamarlas?

Dante Camaño, Secretario General de la UTHGRA de la Capital Federal, en declaraciones en el programa “La Isla de los Sibaritas”, afirmó que estima que cuando se haga el balance de la pandemia calculan que se habrán perdido un 50% de los empleos del sector. Un sector, según dijo, que contribuye al 15% del PBI de la CABA.

Los números son realmente alarmantes, tornando aún más inexplicable que se demoren las decisiones por parte de quienes corresponda, para permitir que el sector vuelva a reabrir y recuperar la mínima rentabilidad, pudiendo volver a ser un contribuyente privilegiado.

¿Qué impuestos, tasas o contribuciones puede aportar un comercio cerrado durante 8 meses? ¿De qué facturación obtendrá los fondos para volcar en el barril sin fondo del fisco a todo nivel? ¿Quién en su sano juicio cree que los gastronómicos tomaran créditos, a la tasa que sea, para saldar deudas con los fiscos, si no tienen la menor perspectiva de lo que será su facturación a partir del día que vuelvan a operar? (Algunos lo hicieron y hoy lo lamentan amargamente)

Volvemos al ejemplo de lo que se escucha cuando se habla con los dueños de hoteles, bares o restaurantes: sienten que son los pasajeros del Titanic, que al momento del hundimiento la tripulación les hubiera vendido los salvavidas antes de subirse a los botes salvavidas. Nadie cede.

Algunos, como sabemos, intentaron paliar las pérdidas con los deliveries y el denominado “take away”, los que tuvieron éxito lo vivieron y viven como una nueva oportunidad de negocios, que no planean descontinuar cuando la normalidad vuelva a pasearse por estas costas.

Lo doloroso es ver que la inflexibilidad en las ansias recaudatorias de todo tipo, está arrasando con locales gastronómicos, con la terrible secuela de aumentar desafortunadamente las estadísticas de los desocupados.

Lo  incomprensible es que resulte tan difícil de entender que insistir con el 100% de nada es igual a nada, por lo que el fisco no recauda, y el hambre golpea la puerta de más familias.

La duda queda flotando: ¿es simple torpeza, incapacidad de gestión o se esconden otras intenciones inconfesables en este “no hacer”? Como sea, cada nuevo cierre que se confirma, cada reapertura que se demora, cada remate de equipamientos de cocina, a algunos nos duele y preocupa enormemente. ¿Qué tomarán para inmutarse quienes pudiendo paliar esta hecatombe no lo hacen?

Guía Oleo

1 comentario

  • Yo soy de los pocos afortunados que pusimos a trabajar los ahorros fruto del trabajo en locales de regalos en la costa. Allí como en CABA y supongo otras ciudades los gastronómicos y hoteleros han quedado casi quebrados. Nosotros tambien. El pais ha quedado quebrado e indignado de toda su clase social política que sólo saben cobrar sin esfuerzo ni riesgo y gastar. El resultado de esta historia? Más pobreza, desánimo, erradicación al exterior los que pueden y los que no a la deriva de la irracionalidad de los gobernantes de turno pasivos de la delincuencia y pérdida de libertades y derechos civiles. El final será anárquico y violento. Ya se ve en las calles y dentro de los hogares. Los debates políticos cada vez más irracionales y las persianas de las empresas cierran por todos lados. El imperio de la ley es derrocado por el clientelismo popular irracional e ignorante carente de moral. Ese es el pais que le dejaremos a nuestros hijos y nietos y la anarquia social esta a solo unos pasos.

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