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Lo que sí y lo que no de los premios 50 Best Restaurants de Latinoamérica

Por Alejandro Maglione

Al momento de salir esta nota ya se habrá dicho casi todo de estos afamados premios que siempre generan polémica entre los entendidos y los periodistas interesados, perdón, quise decir especializados…(Entiendo por “interesados” a aquellos que se dejan arrastrar más por sentimientos que por información objetiva, no se vaya a interpretar otra cosa).

Entonces cabe listar estos sí y no de la movida, según un criterio estrictamente personal y profesional, que como toda selección seguramente no faltarán lectores que sientan que tienen un listado propio, a lo que tienen derecho. Propongo no criticar éste, hagan el suyo:

Lo que sí

  • Que Buenos Aires haya sido la sede para la entrega de estos premios. Más que información está la sospecha que detrás de esto estuvo el Ente de Turismo de la CABA que preside Gonzalo Robredo, a pesar de que uno de los premios haya sido entregado por el Secretario de Turismo de la Nación. Estos eventos, ponen para bien en el mapa a las ciudades que los organizan. Atraen a periodistas y gente de la gastronomía de la región y del mundo, que quizás, de otra forma no habrían venido.
  • Excelente la elección como lugar a la Usina del Arte. Es un ámbito del que tenemos que sentirnos orgullosos por la forma en que fue reciclado para que cumpla acabadamente sus funciones.
  • Impecable la organización, de cabo a rabo. Destacable la participación de Iván de Pineda que mostró una faceta poco conocida de él: ser un gran gourmet y conocer a buena parte de los protagonistas de la fiesta.
  • La masiva presencia de los premiados en la ceremonia. Era imposible buscar una ausencia. En una fila se veía al colombiano Harry Sasson acompañada por su esposa Cristina Botero (a Harry muchos compatriotas lo consideran el padre de la gastronomía de su país). Cerca estaba, del mismo país, Leonor Espinosa. En su butaca estaba el casi argentino y siempre peruano Gastón Acurio. Por allí se lo veía al gran Virgilio Martínez. Al mexicano Gerardo Vázquez Lugo se lo veía acompañado de su encantadora madre María Elena Lugo. A un felicísimo Tomás Kalika llegado de Nueva York. A nuestros Germán Martitegui o Fernando Rivarola. El peruano Pedro Miguel Schiaffino conversaba con los colombianos Jaime Rodríguez y Sebastián Pinzón. Nuestro Mariano Ramón charlaba mano a mano con el gran chef mexicano Enrique Olvera. Alex Atala del Brasil felicitaba a nuestro bien conocido chef peruano Mitsuharu Misha Tsumura. Mauro Colagreco jugaba de local y era mimado por todos. Y la lista de viejos conocidos sigue. Una vez más, estaban los que eran.
  • La humildad que volvieron a demostrar la mayor parte de los cocineros premiados en el trato con los periodistas presentes. Siempre a disposición. Siempre de buen talante. Fueran o no conocidos de ellos.
  • La presencia en la grilla de restaurantes fuera de las capitales de los países participantes. En general supo haber una tendencia en premiar los más conocidos de los votantes que suelen concentrarse en esas ciudades. Argentina es un gran ejemplo de eso.
  • La presencia de países como Colombia que demoraron en aparecer en el listado y Ecuador que sigue pendiente.
  • Que la Parrilla “Don Julio” de la Argentina escalara al 4° puesto entre los premiados y se lo premiara con el The Best Restaurant in Argentina. Esto enaltece al asado como ícono de la gastronomía de nuestro país. Ignorar que los argentinos nos convocamos en torno a un cabrito asado, un buen lechón, un costillar de vaca, un excelente cordero o un capón del Norte al Sur de nuestra geografía, siendo una comida donde se exalta la comensalidad, es de una torpeza inadmisible. Podremos preferir otras propuestas de nuestra gastronomía, lo que no podemos ignorar es la importancia del asado en todas sus variantes. Pablo Rivero en su Don Julio la expresa de manera excelente como pocos.
  • Remarcable la presencia de Wines of Argentina entre los sponsors.
  • El impecable tanto el catering que se sirvió como el servicio en sí mismo.
  • Eran todos los que estaban. Hubo pocas presencias “inexplicables”, algo infrecuente.

Lo que no

  • Que sigan sin aparecer restaurantes del interior de países con reconocidas gastronomías alejadas de sus capitales, como nuestra Argentina. Es difícil imaginar cómo estimular a que los votantes se interesen por estos establecimientos. Nuestro país tiene estupendos ejemplos en Ushuaia como Kaikén o Chez Manu, por no hablar de El Manantial de Silencio de Jujuy. Pampa Roja en Santa Rosa  o Italpast en la localidad de Campana. Es verdad que están ubicados en localidades, a veces, de difícil acceso, pero algo se debería intentar para corregir esto.
  • Otro tanto se podría decir de los países como Ecuador que tienen chefs y restaurantes remarcables. Ayer hablaba con amigos colombianos porque pasaba lo mismo con su país hasta hace poco tiempo. Creo que los ecuatorianos tienen un espejo para mirarse y ver qué sucede para que esta ausencia se prolongue.
  • Un ligero tirón de orejas para los organizadores que confinaron a los periodistas en el super-super pulman del salón, siendo que necesitaban sacar fotografías para los medios que representaban. Se premiaban restaurantes no cocineros, de donde quizás algunos lugares reservados a cocineros no premiados, se pudieron destinar a periodistas. Ojalá que esto se pueda corregir en ediciones futuras.
  • Los premios especiales, todos merecidos, pudieron parecer demasiados y la pregunta de un mal pensado que se escuchó fue: ¿se buscaron sponsors para los premios o premios para que llevaran la marca de un sponsor? Como sea, no estuvieron  mal en ningún caso. Pero la duda circuló por la “Tribuna Alta”.
  • Las ausencias y exclusiones son siempre dolorosas. No ver a La Bourgogne del Uruguay o el Crizia de la Argentina, entre otros, lleva a preguntarse sobre temas tan difíciles acerca de los criterios que se aplican. Un terreno inabordable porque los votantes, por comenzar, tienen prohibido hacerse conocer como tales; y además hay decenas de ellos de distintos países que también votan restaurantes que no son de sus países, ¿cómo consultarlos?

Conclusión. Con muchísimas más luces que sombras, para Buenos Aires, para la Argentina, fue un privilegio haber logrado que esta ceremonia se realice en nuestro país y es un punto para arriba para quienes lo lograron. Se encendió otra luz para que brille la gastronomía de nuestro país.

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