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La relación comida-sueño

Por Alejandro Maglione

Cuando se es un periodista estudioso, para escribir una nota como esta, se piensa cuidadosamente, se consultan textos, se sacan conclusiones y por fin uno se larga a escribirla.

Para esta nota consulté uno por ejemplo que confeccionó la Sociedad Española del Sueño. No contento con esto, me introduje en otro que se llama “Effects of Diet on Sleep Quality” y que apareció en la revista “Advances in Nutrition”, para sumar finalmente las experiencias propias y ajenas sobre los efectos de la ingesta nocturna de alimentos en la calidad del sueño.

Lo que hay tener en cuenta es que todas las consideraciones que hagamos pasan por la incidencia más o menos directa, siempre hay otros factores que confluyen, entre los productos que consumimos y la posible dificultad de alcanzar el sueño. Si la cosa pasa por otro lado, la nota por leer, lógicamente, no es ésta.

Francamente leí cosas que un señor mayor más o menos conoce: ojo con el café; ojo con las bebidas estimulantes que contienen cafeína, ginseng, guaraná o taurina. Bueno, los tres últimos es en general poco probable que las bebamos normalmente en la Argentina, pero la ponemos en la lista porque hay mucho viaje al Brasil y allá están más presentes en algunas gaseosas.

Alguien observará que no aparece el té en la lista. Al pobre té le endilgaron contener “teína” y resulta que la teína no existe, así que va a ser difícil que la contenga. Los expertos dicen que lo que se denominó incorrectamente de esta forma es lisa y llanamente cafeína.

Ahora bien, el té en sí contiene una porción menor de cafeína que el café. Si además se prefiere el té verde, contiene menos aún. Y como si esto fuera poco parece que contiene un aminoácido que se identifica como “L-teanina” que su función primordial es ¡atenuar los efectos de la cafeína!

Por ahí alguien le pegó al cacao en forma de chocolate, diciendo que cuanto mayor porcentaje de cacao tenga, digamos 70 u 80%, peor, más insomnio producirá. Parece ser que aquí la villana es la “teobromina” que es una suerte de prima hermana de la cafeína presente en este grano.

Ahora bien, resulta que por otro lado leímos docenas de veces que el chocolate, sin importar la proporción de cacao, es tan gratificante que comerlo nos genera una sensación de bienestar y felicidad remarcable. No creo que sentirse muy feliz impida conciliar el sueño…pienso. De todas formas, cuánto menos azúcar contenga su chocolate, mejor.

Hay estudios que sostienen que el comer pastas, por su fácil digestión, hace que el sueño venga mansa e inexorablemente. Y si, además, acompañó su plato con una copa, normal se entiende, de buen vino, Morfeo aparece prontamente para que nos arrojemos a sus brazos. (Siempre me dio “cosa” eso de que uno se entregue a los brazos de un dios, ¿por qué será que no hay diosa del sueño?).

Con las carnes sucede que, al ser de digestión más lenta, puede pasar que por la noche, en que todas las funciones de nuestro organismo se ralentizan, el estar con nuestro organismo trabajando no sea lo más recomendable. Incluso, le ingesta de carne por la noche suele complicarse a medida que pasan los años.

Recordemos que la medicina moderna dice: “no hay enfermedades sino enfermos”, lo que viene a significar que no hay reglas generales sobre cómo reacciona un organismo comparado con otro.

¿Y la afamada copa de leche? La cosa es así: como con tantas otras cosas, si usted cree que le hace bien y lo ayuda a conciliar el sueño, no se prive de tomar una rica y tibia copa de leche. Mal no le va a hacer, desde ya. Pero las virtudes de la leche como promotora del sueño no están definitivamente comprobadas ni desmentidas.

Uno de los artículos tiene una conclusión que adoptamos como propia como si fuera un “si ellos lo dicen”: “…disponemos de pocos estudios que nos permitan hacer recomendaciones específicas relacionadas con la alimentación y el sueño”. Si los científicos lo dicen…

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