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La mejor comida argentina representada por una parrilla

Por Alejandro Maglione

El debate ya se venía desarrollando desde el año pasado cuando la Parrilla “Don Julio” apareció entre los mejores 100 restaurantes del mundo según la grilla que arma anualmente la revista “Restaurant” de Londres.

Como a veces sucede, fueron algunos argentinos, pocos y sin opinión relevante, los que pusieron el grito en el cielo. En lugar de discutirlo en voz baja y con la energía que se deseara, no, fue a los gritos y destratando a todo aquel que no pensara como esa camarilla.

Uno no puede sorprenderse que esto suceda en el país que durante las primeras 48 horas de conocerse la designación de Bergoglio como nuevo Papa, otros pocos, igualmente torpes, se pusieron en la tarea de ningunearlo y hasta descalificarlo. En esas mismas primeras horas, la entonces presidente del Brasil, Dilma Rousseff se apuró en decretar un feriado nacional para celebrar la elección del primer papa latinoamericano.

Ahora resulta que Don Julio ha pasado a estar entre los codiciados 50 Bests ubicado en el puesto 35. Un salto realmente exponencial y, según mi opinión, más que merecido por la propuesta que ofrece a sus clientes. A tal punto que cuando estuvo para el G20 en Buenos Aires la canciller alemana, Angela Merkel, se escapó del protocolo para ir a comer al establecimiento que regentea Pablo Rivero.

El mundo gastronómico sigue buscando y creando propuestas que se asientan en el espectáculo. En la “experiencia”. Ahora resulta que viene evolucionando un restaurante que hará comida en base a impresión 3D y se conectará con los comensales de forma automatizada. ¿Está mal que se recorra ese camino? Claro que no, siempre habrá alguien que aprecie este tipo de ideas, que esencialmente se apoyan en un concepto en base al cual el cliente va una vez, experimenta, se sorprende, ayuna opíparamente  y generalmente no vuelve jamás. Eso sí, debe ser carísimo para que pueda contarlo y alardear por las redes vendiéndose como un “foodie” consumado. Lo esencial no es experimentarlo sino el poder contarlo, según pareciera ser la costumbre.

Pero el mundo avanza con la recuperación del fuego de leña que no dañe el medio ambiente. Al concepto del kilómetro cero, comer lo que hay por la vuelta: si desea comer pescado, acercarse al mar. Si desea probar unos buenos langostinos no vaya la ciudad de Salta. Si lo que desea es probar un lomo de ciervo, hay buenos restaurantes al pie de la cordillera patagónico que se lo ofrecerán.

Por eso realmente siento que Don Julio representa a la tradición argentina y rioplatense que hace del asado casi un homenaje a la familia y la amistad. Y la expresa con las mejores maneras: carnes maduradas impecables; embutidos de calidad excepcional; puntos de cocción intachables. Y el servicio que tanto preocupa a su dueño y que lo involucra de forma personal cotidianamente.

A una parrilla no se va a “vivir experiencias”. Se va practicar la comensalidad en una de sus mejores expresiones. Representa a  un país donde el salir a comer no es parte de otro programa, sino que ha sido y sigue siendo EL programa.

Felicitaciones entonces para Don Julio, Pablo Rivero y su equipo –no me olvido del parrillero jefe, Pepe Sotelo-. Y que sigan los éxitos: se cosecha lo que se siembra.

Guía Oleo

comentarios

  • Es verdad es la mejor parrilla de la ciudad. Las carnes son tiernísimas y en su punto Justo. Las achuras son excelentes. La atencion es muy buena y muy cordial.

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