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La industria del vino está reaccionando

Por Alejandro Maglione

La industria del vino en nuestro país tuvo un golpe de aggiornamiento en los finales de los 80’s y durante toda la década de los 90’s. Se “descubrieron” las virtudes de la cepa Malbec; se incorporó tecnología; nuestros expertos viajaron a distintas partes del mundo a enterarse de qué era lo que estaba pasando en otras zonas productoras; el país comenzó a ser visitado regularmente por grandes expertos como Alberto Antonini, Michel Rolland o Paul Hobbs. Siendo justos debemos reconocer que el inolvidable Ricardo Santos había actuado de anfitrión del íncono de Napa Valley, Robert Mondavi, entre otros, varios años antes de que aterrizaran estos ídolos de la enología internacional.

Fue una época dorada sin duda. El mercado fue sobre ofertado de vinos de gran calidad y de precios que fueron alejando a nuestra bebida nacional más y más del común de la gente. Gente que eligió mirar para el lado de la cerveza, mientras los bodegueros observaban entre sorprendidos e impotentes como el consumo que  al momento de la transformación rondaba los 90 litros anuales per cápita, iba descendiendo hasta alcanzar los niveles absurdos del día de hoy de 20 litros…

Entonces, ahora vemos que soplan vientos de cambio cada vez más importantes: la propuesta de variantes de vinos que se están ofreciendo al mercado son cada vez más importantes. En su hora Chandon dio un campanazo cuando sacó su “Délice”, un espumoso super dulce, que se propuso para ser tomado con hielo y con autorización expresa de añadirle gajos de pomelo o lo que se quisiera. La bodega López, injustamente catalogada como antigua en lugar de tradicional, saltó el cerco y pasó a presentar propuestas dirigidas a un público más joven con su Xero y el espumoso López Dulce. Catena Zapata nos volvió a desayunar que la cepa Garnacha es muy apreciada en Francia y aquí en el pasado la envolvimos con prejuicios de clase. Pruebe el DV Catena Grenache-Malbec y me cuenta.

De pronto, aparecen los Zuccardi y dicen: ¿vamos con el vino en lata? Y fueron. Una lectora muy querida puso días pasados un comentario a mi elogio de la lata que decía algo así como “ah, es por una cuestión económica…”. ¡Obvio! Le dije y expliqué que apunta a la economía de la empresa por el camino que conduce a su crecimiento: la comercialización de sus productos.

A veces, en el idioma de los jóvenes comerciales de algunas bodegas, es común escucharlos hablar del “entry level” –un buen comercial en la actualidad parece que debe mechar cuidadosamente términos en inglés el cualquiera de sus presentaciones-. Este término, para la paisanada quiere decir: el nivel de entrada. El capítulo 1 de “Tomemos vino”. Es decir, un vino al alcance de todos, con una calidad respetable.

Si nadie comienza por el dichoso entry level mal se podrá esperar que el día de mañana, a sus 30 años para arriba, el potencial consumidor se haga aficionado a beber una buena copa de vino en sus comidas. Por eso, atraer y satisfacer al entry level es una apuesta más al futuro que al presente del consumo del vino.

Ahora corre el rumor de que algunas hamburgueserías –Uría Burgers, por ejemplo- tomarán la idea del vino hamburguesero, solo que en este caso será el formato de “tirado”, ya que saldrá de un dispenser como el que se usa con la cerveza no embotellada, que será alimentado  con tanques de hasta 50 litros…

La cosa se está moviendo. Que sigan produciendo todo lo que quieran de vinos de $1000 la botella o más, pero los bodegueros saben que su venta está cimentada en las marcas que se pasean por el entry level, el nivel del futuro y del presente. Que las damajuanas se difundan y estaremos al rumbo del tener el cartón lleno.

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