Oleo Dixit

LA CEBOLLA Y LA PANDEMIA.

Un cuento para los tiempos que corren.
AUSPICIA ESTA SECCIÓN ALAMOS

Por Couto.

Los periodistas solemos ser contadores de historias, tan solo eso, ni más ni menos que meros contadores de historias.Cierta rama del periodismo es bueno reconocer debería cernirse a la verdad y el periodismo gastronómico no tiene por qué estar exento de esta consigna.
Pero si es cierto, que hay una miscelánea de historias atenientes a cada profesión que no siempre son comprobables, sino que tan solo forman parte del imaginario popular y así deben tomarse, tan solo como lo que son, meras historias incomprobables, floridas o no y algunas más interesantes o no, que otras.
Lo que voy a contarles a continuación, es tan solo una historia, una simple historia que en mi niñez me contó mi abuelo Nicolás, un hombre de grandísima imaginación, un artista, bohemio y soñador.
Esta historia que recordé viene a cuento hoy, lamentablemente debido a un hecho trágico como es esta pandemia que hoy nos afecta a TODOS.

La historia comienza así…

Hubo una vez, allá lejos y en el tiempo, más exactamente en el año 1918 que tanto en Europa como Estados Unidos, miles de personas comenzaron a sentir ciertos síntomas de una desconocida hasta el momento, enfermedad.
Todos comenzaron a sentirse mareados, débiles, comenzaron a tener dificultades respiratorias y fiebre muy alta.
Esta pandemia mortal y poco común, llegó a ser tan letal que se estima que el número de muertes llegó, según dicen las cifras de la época, a más de 50 millones.
La pandemia, recuerdo según el relato de mi abuelo, era tan maliciosa que la expectativa de vida de una persona llegó a disminuir en alrededor de 12 o 14 años.
Esta plaga, esta gripe despiadadamente mortal, se conoció como Influenza.

Ahora, a esta altura del cuento se preguntaran ustedes… ¿Que tiene que ver esto que hoy les cuento con una de mis  historias de gastronomía?

Mi abuelo, hombre de mundo y relacionado con el tango y afamados tangueros de la época, era afecto a las sopas y especialmente a la sopa de cebollas, a la cual se había aficionado en una gira acompañando a uno de sus amigos musicos.
Paris y el tango, al igual que el Jazz, siempre han estado enamorados de la Ciudad Lúz.

Cuenta la leyenda, que un médico en el peor momento de epidemia universal, recorría los campos de EEUU tratando de llevar contención y brindar ayuda a centenares de grupos de familias de granjeros, aislados en sus ranchos y librados a su suerte.
Este buen samaritano, luego de comprobar que muchas familias de las zonas rurales habían contraído la enfermedad y por ende muerto llegó a una granja y no pudo contener su asombro al comprobar que el granjero y la totalidad de su familia se encontraban milagrosamente; sanos.
El galeno consternado dicen que se sorprendió al escuchar la explicación que le diera la esposa del granjero.
La mujer le contó que ella había decidido diseminar mitades de cebollas por toda la propiedad, en los distintos ambientes de la casa y eso los había preservado sanos.

Incrédulo ante lo escuchado y con los pocos avances técnicos de la época,  el medico decidió revisar una de las cebollas bajo el microscopio y según luego relató, descubrió que el virus de la influenza estaba inserto en las capas de la cebolla, la cebolla cual imán lo había atraído y por ello, la familia del granjero había zafado de la peste.
Esta es la historia que a mí me contaran de chico y que para mí, en las penumbras habituales del enorme piso de la calle Corrientes de mis abuelos, cobrara connotaciones dignas de un relato de terror del escritor Horacio Quiroga.

LA VERDAD DE LA MILANESA, O MEJOR DICHO DE LA CEBOLLA.

Existen muchas historias respecto a las propiedades sanadoras de la cebolla.
Jamás yo afirmaría que esto que acabo de contarles sea cierto, pero quien quiera hacer la experiencia de la cebolla, libre es de hacerlo.
Si debemos de reconocer que hay algo de verdad, en que vegetales como el ajo y la cebolla podrían tener propiedades antisépticas según suele afirmar la sabiduría popular.
Sí, es aconsejable, no comer una cebolla que ha sido trozada y dejada mucho tiempo expuesta al aire durante horas o de un día para el otro en la mesada de la cocina porque suele llenarse de bacterias.
Los trozos de cebolla deben ser convenientemente guardados, de ser posible en una bolsa de plástico o tupper y así luego en la heladera.
Ojo, con ciertas bandejitas que suelen comprarse en las verdulerías y que traen cebolla cruda cubeteada.
Siempre es bueno comerla cocinada y desecharla cruda en preparaciones de sándwiches de sospechosa procedencia.
También es atinado decirlo, que la cebolla contiene alimentos nutricionales innegables y que una buena sopa de cebolla bien hecha reconforta y sienta bien y hasta según consideran los franceses cura, la “cruda” o la resaca.
Por ultimo he de agregar que esta tradicional sopa de cebollas francesa, originalmente comenzó a tomarse en los restaurantes de París que rodeaban Les Halles, el “Chez Baratte” o “Pied de Cochón”, que fueron los primeros en hacer algo que ha vuelto imbatible a la sopa de cebollas entre los paladares avezados…
La clave está en el detalle final de su preparación, el “gratineé” o esa costra de queso con yema de huevo, por arriba, gratinado al horno.
Con champagne o un buen Pinot Noir, esta sopa es capaz de resucitar un muerto!

¡Salud!
(Hoy más que nunca…)

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