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EL OSITO TIENE HAMBRE

AUSPICIA ESTA SECCIÓN ALAMOS

Por Couto en cuarentena.

Marilyn Monroe, tenía un osito favorito y cuando tenía hambre solía utilizarlo para reclamar comida.

Debido a tener que someterse a rigurosas dietas por sus películas, cuando terminaba una película y con tiempo por delante, comía con gran glotonería.

Marilyn no tenía fama de gran cocinera y sus amigos famosos acostumbrados a sus propios cocineros en sus mansiones, solo iban a cenar a su casa, si eran ellos quienes cocinaban.

Uno de sus predilectos amigos era Andy Warhol, quien pocos días antes de la muerte de la diva, pintó el famoso cuadro, repetido hasta el infinito, en el que el rostro de Marilyn se repite cincuenta veces a puro color y es un ícono deseado por todos los adeptos a la cultura pop.

Warhol tenía pasión por las sopas y siempre inventaba estrambóticas sopas a las que bautizaba con el agregado final… “A la Marilyn Monroe…”.

Lo cierto es que Marilyn adoraba a Andy, y le encantaba que el propio Warhol se preocupara porque comiera e interrumpiera su habitual dieta de pastillas y alcohol.

Warhol inventaba robustos potajes para su bella amiga, que solía pasar días sin injerir bocado, cosa que preocupaba al bueno de Andy.

Muchas veces antes de deleitarse con las sopas de Warhol , Marilyn solía reclamar…” Hoy el osito quiere cerveza…” y es asi como Andy Warhol y su corte, dejaban de lado el Dom Perignon que tanto le gustaba al ícono del pop y solía correr a lo loco en su presencia y todos bebían cerveza  Miller para darle el gusto a la bella y única, Marilyn.

Receta:

Sopa de Tomates con Higos a la Marilyn.

By Warhol.

Andy hervía un litro de leche y le vertía igual cantidad de agua mineral.

Le agregaba abundante ajo (Marilyn lo amaba), pimienta, diferentes hierbas aromáticas y le agregaba una sopa de tomate entera de Campbell´s, su favorita y a la cual debía parte de su cuantiosa fortuna.

Al rato le volcaba un paquete de puré instantáneo , al cual Warhol adoraba, lo revolvía pacientemente y cuando se formaba una especie de crema, le agregaba trocitos de huevo duro, perejil y pequeños trozos de higo, creo que crudo.

Se lo servía bien caliente con un poco de leche o crema agregada, unos biscochos y a pedido de la diva, cerveza rubia en abundancia.

Luego de esta ingesta, solían partir para Estudio 54, ahí la noche se solía empalmar con el día.

Hoy más que nunca, ¡Salud!

Acotación:

Esta historia me la contó muchas copas de por medio en sobremesa, el gran Abel González, periodista con más de cuarenta años de carrera, con el cual tuve la dicha de compartir varias, cenas, almuerzos y vinos.

Un verdadero maestro para mí, generoso en su sapiencia y a quien siempre recordare con respeto y profundo amor.

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