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El gurú del vino

El gurú del vino

Michel Rolland El Guru del Vino Libro

Información:

Editorial: 

Mirrol S.A.

 

 

Publicacion:

04/2013

Idioma:

Español

Sinopsis:

“¿Qué queda de mi niñez?” es la pregunta con la que el gurú del vino empieza su primer libro (Buenos Aires, Mirrol, 2013). ¿Con qué otra pregunta podría haber empezado un enólogo sino con una referida a su terruño o terroir, que no es otra cosa que la tierra de la infancia? Y, además, si es la tierra la que nos sostiene desde que nacimos ¿cómo el enólogo podría no ser curioso acera de su composición? Agrega Rolland: “La niñez es, ante todo, geográfica”.

 

Polémico siempre. Contrariado a veces, Rolland nos lleva de la mano, a veces a los tirones, por entre viñedos y experiencias fermentadas inolvidables. Apasionado y conmovedor, como los vinos de altura, a medida que leemos su libro, un dejo de acidez también toca nuestras papilas.

 

Nieto por parte materna de un agricultor propietario que se levantaba y se acostaba con el sol. “La jubilación la tendremos en el cementerio”, afirmaba este hombre que observaba los pliegues de la tierra porque la vid era su compañera, decía. Rolland también es nieto por parte paterna de un fundador de una cava cooperativa en Bordeaux.

 

Alumno de nivel medio en la escuela, el gurú del vino dice haber preferido el olor del hinojo en los caminos al olor a tiza. Mientras estudiaba enología, sabía que trabajar en las viñas y en la bodega sería también su camino, como era el de su familia.

 

Ya experto asesor de productores de uva y de vino, Rolland afirma que no hay nada más difícil que contentar a un agricultor. Ex alumno de Émile Peynaud, el enólogo e investigador francés considerado padre de la enología del siglo XX. “Le debemos tanto a Peynaud”, afirma Rolland. Y declara que su historia está amarrada a Pomerol, la ciudad al sudeste de Francia donde está el Château Le Bon Pasteur, propiedad de sus abuelos.

 

Inquisidor profano y racional, como buen francés, para hablar de vinos habla de las revoluciones que promovió. Y con solo caminar los viñedos descubre que los caldos eran de poca calidad, escasa investigación, demasiada química  y nada de terroir. Entonces tira ¿creencias? o ¿saberes? ancestrales a la acequia. Dice Rolland: “Hundidos en la mitología romántica, habíamos tomado la costumbre de encorvar el lomo frente a la Dama Naturaleza. (…) Había que recorrer las viñas con un crucifijo en la mano o resignarse”.

 

Suma un capítulo dedicado a Robert Parker, su amigo y famoso crítico de vinos de Estados Unidos. También hay otro capítulo dirigido a Jonathan Nossiter, director de la película Mondovino. Lo califica de janseista altermundista: algo así como dogmático antiglobalización.

 

Son deliciosos los relatos sobre los territorios donde “el gurú” trabajará después de haberse convertido en el enólogo más famoso del mundo, incluida por supuesto la provincia de Mendoza. Aquí Rolland se dio el gusto de hacer desde cero una bodega y un viñedo.

 

Texto muy recomendable para los enamorados del vino y para los interesados en ir un poco más allá de la degustación de los mejores caldos. A mitad del libro, la gran pregunta que quizás ayude a contestar la pregunta inicial, ¿quién se quejaría de tener la infancia en la boca? “Está bueno sentir al pasado que habla desde el fondo de una copa”.

 

Marijo

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