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restaurantes a puertas cerradas Buenos Aires Dixit

El fisco le tiene que decir AHORA a la gastronomía los incentivos para reabrir

Por Alejandro Maglione

El tema es sencillo y complejo al mismo tiempo. Los bares y restaurantes del país tienen en este momento un debate interno sobre si al finalizar las atroces e inéditas restricciones que han tenido para ejercer su “comercio lícito” –como dice la Constitución Nacional, tendrán alguna ayuda fiscal concreta por parte de los municipios, las provincias y el estado nacional.

Nos referimos no a préstamos a tasas convenientes, que es de público y notorio que no llegaron sino a una minoría de las pymes que lo precisaban. Los bancos se resistieron a otorgar créditos a comercios cerrados y sin facturar. Pero desde el estado no advirtieron que los “beneficiarios” recibieron la medida como la hubieran recibido pasajeros del Titanic que al momento del hundimiento les hubieran querido cobrar los salvavidas.  De lo que estamos hablando es que, imitando a los países del mundo que han servido y sirven de modelo para el manejo de la dichosa cuarentena, que han desgravado de diversas formas a los comercios que reabran sus puertas.

Hay soluciones para todos los gustos. Desde Francia que hasta se hizo cargo en algunos casos hasta del pago de los servicios; a una Alemania que les anunció que el IVA pasaría del 19 al 7%, amén de que en el mientras tanto ha puesto en funcionamiento diversos mecanismos para atender a los sueldos de los empleados impedidos de trabajar. 

España puso en marcha sus mecanismos de atención a los desempleados y de asistencia de comercios con dificultades comerciales. Es más, en Cataluña, particularmente en Barcelona, sumaron a todas las facilidades del estado nacional el de no cobrar por el uso de terrazas y veredas, siempre abarrotadas en el verano europeo. Y, en general, fue incluso más allá: se autorizó la utilización de las superficies de plazas y calles que lo permitieran, para poner mesas al aire libre y compensar la menor cantidad de sillas que se pueden ocupar en el interior para conservar la dichosa distancia salvadora.

Hablando con funcionarios del gobierno de la CABA llevan dos meses diciendo que algo están pensando. La sugerencia es siempre la misma: si tienen algo preparado para la hora de la apertura, anúncienlo AHORA que las pymes gastronómicas están reflexionando sobre la conveniencia de abrir nuevamente. El silencio es total a todo nivel. No es sencilla la decisión de dejar de recaudar, pero hay que entender que sucederá por las buenas o por las malas.

Peor aún, sale un funcionario de altísimo nivel y expresa su sorpresa por los reclamos de que se otorgue un plazo de gracia para el pago de Ingresos Brutos. Y explica: “no entiendo en qué les molesta esta gabela si no se cobra si no venden…”. Nadie de Hacienda se tomó el trabajo de explicarle: “don Diego –como en el film de “El Zorro”- lo que los gastronómicos desean es que les anticipen la buena nueva de que cuando reabran tendrán un plazo de gracia en que estas cargas tomará un tiempo en tener que abordarlas, así, de esta forma, ellos podrán recapitalizarse e ir atendiendo todos los gastos operativos extras que les ha ocasionado el cierre obligatorio que están sufriendo”. No, a cambio de eso, le siguen enviando puntualmente actualizado, el cargo del ABL.

Peor aún, a algunos restaurantes les han llegado inspecciones para ver si están realizando la limpieza quincenal obligatoria de las campanas de las cocinas, estando con sus puertas cerradas y sus fuegos apagados.

Es el momento de decirles a los dueños de bares y restaurantes que la cincha fiscal que significan la cascada de impuestos que pagan se aflojará significativamente. Que no habrá IVA, Ganancias, gabelas de organizaciones como SADAIC y otras. Es decir, todo puesto al servicio de que este sector que solo en la CABA genera 150 mil empleos directos y otros 150 indirectos a través de sus diversos proveedores, ayude a paliar la desocupación lo más rápido posible.

Porque la política inmediata que se aplica uniformemente en el mundo, es esa: regenerar la ocupación de mano de obra con la mayor velocidad. Cambiar planes sociales que desalientan las ganas de trabajar por empleos dignos.

Pero toda esta batahola ha tenido contracaras. Despertó en muchos establecimientos el desarrollo del negocio del delivery. Buenos productos, con buenos precios y un packaging correcto abrieron una puerta de negocios insospechada por buena parte de ellos. A veces no con la rentabilidad necesaria, pero muchos dicen haber sentido la necesidad de acercarse a sus comensales de siempre.

También ha sido destacable la preocupación de buena parte de los gastronómicos: atender a no dejar sin ingreso alguno a sus empleados. 

Muchas bodegas se acercaron más que nunca a sus clientes. Y además siguieron lanzando nuevos productos, como el vino en lata, que va teniendo un inmediato suceso. El mercado está viendo nuevas etiquetas, nuevas propuestas de vinos a precios más accesibles. Hasta se ha dado la paradoja, o no tanto, de que aumentara el consumo de vino per cápita, que no paraba de descender. Fueron pasos audaces en circunstancias de inédita incertidumbre.

Ojalá que el estado comprenda, en sus diversos niveles, que la vaca muerta no se ordeña y que lo mejor es alimentarla para que no muera y pueda volver a producir. El momento de los anuncios es AHORA, ya, muy posiblemente, el día después será demasiado tarde. La ecuación es sencilla y dramática: el 100% de 0 es 0…

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