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Alguito

Alguito

Tina no encuentra casa. Pero encuentra bares. Se perdió un departamento y encontró un barcito eco friendly que te saca toda la furia.

¿Vieron que estoy buscando casa? Bueno, déjenme decirles que no está siendo nada, nada, nada fácil. En tres semanas vi cerca de 15 departamentos, y creo que todavía no encontré el lugar donde quiero vivir. Los que están buscando casa, o hayan vivido la experiencia, habrán notado que es una mezcla de situación cielo-infierno.

 

Es lindo porque soñar es gratis, y podés ver cientos de departamentos, imaginar la reforma que le harías si fuese tuyo, cómo sería tu día a día en ese lugar…. Y al mismo tiempo es una experiencia tortuosa, porque -por lo menos para mí- las inmobiliarias son una cosa de terror. En lo que va de mi breve búsqueda, ya me dejaron plantada, llegaron una hora tarde, y discutí con una tercera porque me trató de hacer sentir (perdón por la expresión) que quiero cagar más alto de lo que me da el culo, diciéndome algo como “y, bueno, uno tiene que saber a qué cosas puede llegar y a cuáles no, yo tampoco puedo alquilar en Le Parc, querida”.

 

Como estoy tratando de verle el lado bueno a lo malo, lo positivo de que me dejen plantada o de que lleguen una hora tarde es que me permite empezar a familiarizarme con mi potencial barrio. Doy vueltas por la zona, me siento en algún cafecito o restaurante, hago scouting de locaciones. Así, un poco de casualidad, esta semana llegué a Alguito.

 

El sábado a las 11  de la mañana estaba parada en la puerta de un edificio en Vicente López, que prometía ser EL departamento. Todo luz (¿quién habrá inventado esta expresión tan horrible?), balcón con vista al río, cocina enorme, cerca de la estación… Cuestión que cuando 11.20 no aparece la mina de la inmobiliaria, ni me atiende el teléfono, llamo a la inmobiliaria, donde me informan que “Vivi” estaba enferma, y que mil, mil disculpas que no podían creer que nadie me haya avisado que se cancelaba la cita. La bronca que me invadió no hace falta que la explique, ¿no?

 

Tenía dos opciones: pasarme el día enculada y de mal humor, o fumarme un cigarrillo, pasear por la zona y volverme a casa a trabajar; elegí la segunda.

 

Camino al kiosko, en una esquina del centro de Vicente López me encontré con Alguito. Lo había escuchado nombrar, es un lugar eco friendly, un “espacio consciente”. Entré porque el lugar tiene onda, desde afuera llama la atención por las mesitas y sillas de colores en la calle, la fachada de color verde agua y el nombre del lugar hecho en pedacitos de madera. La decoración es linda, muy al estilo de lo que está de moda ahora, colgantes hechos con tapitas de colores, lámparas fabricadas con frascos, floreros de latas, estantes con cajones de fruta, pizarras, mesitas con sillas y silloncitos distintos, todo muy zen, con gente desayunando, leyendo el diario… Justo lo que necesitaba para sacarme la ira. También tienen un pequeño almacén de productos orgánicos.

 

Me senté y pedí un té earl grey, jugo de limón y jengibre, tostadas de pan casero, mermelada y un alfajorcito de maizena con harina integral. Todo rico. Me tentaron también algunas opciones que tenían para almorzar, pero era un poco temprano, así que seguramente vuelva.

 

Hace algunos posts alguien había preguntado si tenía pensado ir a algún lugar con opciones veganas: ¡Alguito tiene muchas opciones veggie-friendly! Recomiendo que vayan, yo la próxima voy por alguna de las tartas o wraps.

 

Me pareció interesante la propuesta de decoración sustentable, que además se ve que no es solo un bleff sino que hacen un esfuerzo por vivir esa sustentabilidad desde el negocio. Me resultó divertido que te inviten a llevar tu propio tupper para ir a buscar un pedido o para llevarte a casa lo que te sobre.

 

Conclusión: gracias a la ineficiencia inmobiliaria estoy descubriendo lindos lugares. En todo lo malo hay algo bueno, ¿no?

 

 

Tina

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