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Al consumidor de vino hay que hablarle sencillito

Por Alejandro Maglione

Para los que nos interesa el tema del vino, leer los posteos que realiza don Ángel Mendoza en su página de Facebook son absolutamente imperdibles. Ángel ha sido y es un maestro de enólogos, y de tanto en tanto postea oportunos comentarios sobre temas específicos del vino, con profundidad y sabiduría.

Hace poco posteó un comentario lleno de términos químicos complicados para quienes no fueran enólogos. Y un comentarista, de los que suelen abundar en esos posteos de Ángel, se despachó con un “ya con la primer palabra hizo desmayar a media docena de periodistas del sector…”.

Las primeras palabras eran: “acetaldehído-ácidos perúvico y alfa-cetoglutárico…”.

La respuesta omitió señalar que debió hablarse de primera palabra y no primer palabra, porque era demasiado fácil y la intención no era descalificar al comentarista. Lo que me apenó es que alguien pensara que los periodistas del sector debiéramos conocer esas precisiones terminológicas de la química del vino para poder seguir hablando del vino.

La respuesta fue remarcar el concepto, al que adhiere el propio Ángel, que entre los problemas que ha provocado la disminución del consumo de vino con el correr de los años, muchos pensamos que fue una ola que acompañó al crecimiento de la producción de vinos de mucha mejor calidad y se pensó, equivocadamente, que debían ser presentados en un lenguaje complejo, como si estuviera hablando solo a los profesionales y olvidándose estrepitosamente del consumidor del viejo y querido vino común de mesa, que los complicadores pasaron a llamar “entry-level” y mirándolo de soslayo.

El entry-level es el que paga los costos fijos de la mayor parte de las bodegas según su propio testimonio. Pero de pronto como que “les dio cosa” hablar de sus tradicionales vinos comunes y ahí comenzó el embarre de cancha que, junto con otros factores, desplomó el consumo per cápita de la “bebida nacional”.

De los otros factores, sin duda el mayor consumo de cerveza, fue uno de los que más golpeó a la industria. Industria donde algunos de sus principales protagonistas pasaron a hacer de la producción y venta de cerveza una de sus principales actividades, al punto que en la propia Mendoza hoy se realizan actividades para la promoción del consumo de cerveza. Para los que tienen alguna experiencia exitosa en la vida empresaria, estas cosas los ponen a mecer sus barbas.

Pero para que no haya paz en el mundo de nuestra bebida nacional, ahora aparece un jugador gigantesco del mundo la cerveza y sale a usar su excelente cadena de distribución para poner en el mercado argentino un vino de precio bajo, en botella individual y tapa rosca, movimiento que algunos sospechan es apenas el primero de otros por venir.

Para ser justos, el mundo del vino no se duerme en los laureles y contesta con el vino en lata; el avance del vino “tirado” como si se tratara de cerveza, e incluso Buenos Aires hasta ha inaugurado una pizzería en la que se destaca que propone –como debió ser siempre- que su pizza se acompaña con vino.

Con lo que queda para decirle al respetado comentarista de la página de Facebook de Ángel Mendoza: amigo, ¿qué le hace pensar que un “periodista del sector” se va poner a estudiar y sobre todo comunicar a sus lectores sobre los defectos que describen un vino como empireumático?

Pues no, algunos pensamos en que hay que amigarlo liberando a su criterio si desea ponerle hielo o soda, o ambos. Creemos que hay que decirle al consumidor que recupere el placer de preparar y beber una rica sangría. Y animarlo a que disfrute de un vino al usarlo en la preparación de un buen clericó. Lo demás es cosa de enólogos, no de periodistas del sector. Como dijo Napoleón Bonaparte: “nunca distraigas a tu enemigo cuando se está equivocando…”.

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