Oleo Dixit

A comerse Bariloche a la Carta

Por Alejandro Maglione

Poco a poco, paso a paso, la Patagonia va creciendo en calidad y cantidad en su oferta gastronómica. Hay que investigar cuidadosamente, porque Bariloche y sus alrededores es como jugar a las escondidas para encontrar algunos de los mejores lugares para disfrutar de una gran comida. Simplemente se puede decir que no hay un distrito gastronómico preciso, pero en este caso el deambular es uno de los más grandes placeres.

Hacer base en el hotel Huinid es asegurarse una buena habitación con linda vista al lago, apenas interrumpida por los prunus florecidos que en esta época comienzan a regalar su esplendor.

Obvio que se si se va caminando por la calle Elflein al 158 es imposible no detenerse en “El Boliche de Alberto”, donde lo espera Alberto en persona con sus 81 años impecablemente llevados. Es uno de los cinco locales con que cuenta. Justito enfrente, para los que no estén especialmente interesados en la buena parrilla, tiene un restaurante de pastas que es realmente fabuloso.

Si sigue por el centro y sin ganas de subirse al auto, seguramente en la Av. Mitre al 329 descubrirá en “La Marmite” el lugar para comer una variedad de fondues impecables. Claro que hay otros platos donde entran el ciervo, el jabalí, el cordero y la trucha locales. La enorme ventaja es que dan de comer desde que abren al mediodía hasta la noche. No importa, se llega y se come, lo cual lo hace un lugar ideal para el regreso tardío de un paseo.

Después viene el viajar por “la” Bustillo en dirección al Llao Llao si se quiere hacer estos descubrimientos. Le cuento uno: “Butterfly”, al que se llega por la calle Hua Huan, una cortada que sale a mano derecha, hacia el lago en el km 7.9. El lugar es la casa de los dueños y mira al lago de manera generosa en dirección a Playa Bonita.  Allí Andrés López hace de las suyas sin ayudantes –los cubiertos son pocos- y sus comensales comen lo que le parezca a él, luego de que en la reserva obligatoria se haya dejado aclarado  si se tiene alguna restricción con la comida, que será debidamente tenido en cuenta por el chef. ¿Sin ayuda? Bueno, en realidad está su esposa, Carolina Guasco, también eficiente y cálida anfitriona. Encantador.

Cuando se es grande y viajero frecuente, es raro que llegue a un lugar y exclame ¡guau! al entrar por primera vez. Bueno, en el caso de la “Villa Beluno” es inevitable la exclamación. Se va por la Av. Del Campanario 1144 en la Península de San Pedro y aparece una entrada de hierro forjado que anticipa lo que encontraremos descendiendo hacia el lago: un lugar monumental.

Allí Néstor y Cristina…López – qué susto, ¿no?  – han construido el que quizás, sea uno de los 5 mejores hoteles-restaurante de la Argentina. Con solo 14 enormes habitaciones y ambientes puestos con un lujoso buen gusto montañés. Es remarcable esto: el estilo montañés, lujoso y de buen gusto puede llegar a sonar como un oxímoron, pero no lo es en este caso. Ventanales por doquier hacen que el lago Nahuel Huapi esté omnipresente. Recorrer el lugar y buscar “el pelo en la leche” es perder el tiempo: no lo encontrará.

Sentarse en el comedor es otra experiencia estética increíble: las mesas lucen una vajilla portuguesa de exquisito gusto y la cristalería fue traída de Italia. Aparece la dueña de casa, Cristina López, vestida de cocinera, porque ella se ha asignado la tarea de ser quien elabore los menús del  “Avellana”, el nombre del restaurante del lugar. Cristina, discípula de la gran Beatriz Chomnalez, no oculta la felicidad que le produce el cocinar. La curiosidad venció a las buenas maneras y pasamos a escudriñar la cocina: el equipamiento con que cuenta permite suponer que es una de las más completas del país.

Cristina muestra con alegría albacas frescas, pequeñas flores de bróccoli, una lechuga fresquísima, espinacas de colores y sin hacerse rogar devela el secreto: tiene una huerta hidropónica debajo de un vivero enorme a un costado de la casa. Su menú es corto y variado, pero la anfitriona sugiere probar las pastas que son su verdadera pasión. Bueno, ahora es la nuestra, porque resultaron espectaculares. Insoslayable almorzar en ese lugar.

Recorrer “la Bustillo” y no llegarse al “Llao Llao” es no haber estado en Bariloche. Y si en ese icónico hotel nos están esperando su chef ejecutivo, Ariel Matías Pérez y su brazo derecho, Lucas Arias, habrá abrazos para rato. Desayunar, almorzar o cenar en el “Llao” –como le dicen los lugareños- para algunos es como una cosa de “siempre”, y como siempre todo resulta impecable. Charlar con Ariel es enterarse de algunas comidillas de visitas de estado que han venido teniendo sigilosamente. Él habla con naturalidad de “aquel príncipe árabe” o de cuando recibieron al “rey de…” venido del África. El hotel destila historia, señorío, confort y buena gastronomía. Quizás no sea fácil alojarse, pero permitirse un rico té con su vista casi única, es sumar una perla a su collar de felicidad en la vida.

Y todo este relato no ha sido otra cosa que una suerte de excusa para celebrar que se está desarrollando la 6ª edición de Bariloche a la Carta, la movida gastronómica que anualmente organiza la Asociación de Hoteles y Restaurantes, que con la batuta de Lucio Bellora, convoca a 85 restaurantes a recibir con un menú especial a sus clientes mientras dure el evento. Volverán a decir presente los cocineros patagónicos como Pablo Buzzo o Ezequiel González y volverán invitados de lujo como Maru Botana –y todos sus chilindrines, claro- y Matías Gil el chef ejecutivo de la Bodega Chandon de Mendoza. Todo terminará con la feria del fin de semana en el Centro Cívico, donde los turistas, pero principalmente los barilochenses, aman decir “presente” para regalarse las múltiples delicias que se ofrecen de stand en stand.

Lo dicho: ¡a comerse Bariloche a la Carta!

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