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A buscar un nombre para los espumosos

Por Alejandro Maglione

Es bueno saber cómo viene este tema. Desde que la Bodega Saint Rémy comenzó a producir vinos “no tranquilos”, se los llamó “champagne”. Porque técnicamente una división inicial de los vinos es entre tranquilos y no tranquilos. Los tranquilos son los que no tienen burbujas, por decirlo de forma sencilla, los no tranquilos vienen a ser lo que hoy llamamos espumosos (por favor no use el término incorrecto de “espumante”, porque el vino no tranquilo no “hace” espuma, sino que “tiene espuma”. Esta diferencia hace que usted se refiera a las bebidas “gaseosas” y no “gaseantes”. ¿Le queda más claro?).

Entonces, íbamos por la vida elaborando “champagnes” argentinos, muchos de ellos muy ricos, y de pronto se presentan los franceses y nos dicen: “nunca más, esa denominación es exclusiva de los vinos espumosos que se elaboran en la región homónima de Francia”, como lo indica claramente el Diccionario de la Real Academia Española.

El problema es que nosotros, como los hermanos chilenos y otros países latinoamericanos, no teníamos ni tenemos una denominación específica para este tipo de vinos. Por ejemplo, España hace tiempo que llamó a sus espumosos “cava”. Los alemanes lo llamaron “sekt” y los italianos le dicen “prosecco”.

De paso le cuento que el Prosecco tiene regiones delimitadas donde se puede elaborar y están ubicadas en la región del Véneto con la utilización predominante de la uva “Glera” y hay registros de su elaboración que datan de 1772.

El Sekt alemán no tiene protección regional y se suelen usar uvas de distintas partes de Europa. Cuando lo designan “Deutscher Sekt” quiere decir que se ha elaborado con uvas alemanas y los expertos coinciden que los de mejor calidad son aquellos elaborados con la uva “Riesling”.

Volviendo a la cuestión del nombre, en nuestro país y nuestra región, como decíamos, no hay denominación específica. Encima por un error del legislador se dan como sinónimos los términos de “espumante” y “espumoso”, y los expertos locales no saben a cuál aferrarse. En general, los que usan “espumante” suelen aducir que les “suena mejor” (sic) que espumoso.

Hace muchos años que algunos bregamos por encontrar una denominación. La propuesta que viene de lejos es que se convoque a un concurso para encontrar un nombre. Que opine el que quiera. Luego, al autor o autores del nombre elegido se le entrega un premio en dinero,  abundante. No chirolas. Esta práctica personalmente está tomada de un banquero español, Antoni Donadeu, que  contaba que cuando programaban un servicio nuevo en su banco, luego iban a las facultades donde se enseña comercialización o publicidad y se les pedía a los estudiantes que propusieran como llamarlo. Los premios rondaban los 10.000 euros para arriba.

Habrá que pensar en un jurado de selección, que se sugiere no sea necesariamente integrado por bodegas, por la sencilla razón que las bodegas no se han logrado poner de acuerdo en mucho tiempo. En realidad, las bodegas suelen ponerse de acuerdo en pocas cosas. Quizás no por ser bodegueros, sino por ser argentinos, que venimos mostrando cierta dificultad para ponernos de acuerdo desde 1810…

Tras los intentos fallidos de acordar los productores, ahora parecería que han elegido el camino de intentar ponerse de acuerdo sobre las características que debe tener el producto para usar la, todavía, inexistente denominación. Con lo cual, si no lograron ponerse de acuerdo con un nombre, cuesta imaginar que se pongan de acuerdo sobre temas que podrían llegar hasta la identificación de la región cuya producción podrá usarla, da un gran espacio a los escépticos de que este tema no se resuelva con alguna rapidez.

Por eso el voto es para que se busque el nombre, no en una mesa de una institución específica, sino en un llamado mucho más amplio, quizás con una preselección en la que opinen gente que entienda de marketing y marcas, desalentando la tentación de poner nombres como “Fierro”, para remembrar al gaucho orejano de José Hernández; tampoco faltarán los que encuentren la inspiración en vocablos mapuches, tehuelches, quom o lo que sea.

Con que, en definitiva, prenda la idea de que encontrar una denominación distintiva prenda, creo que estaremos en el buen camino. Porque ese, sospecho, que es el primer acuerdo que falta.

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