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Como buena ciudadana porteña de los arrabales del sur, adoro San Telmo. La mezcla de bolichitos, raros negocios de antigüedades, vecinos que charlan en las veredas y turistas desconcertados de mapa en mano son la biblia y el calefón hechos barrio. Por supuesto, la gastronomÃa, para quienes frecuentamos la zona, es fundamental. Les escribo sobre los lugares que tienen ganado mi corazón y mi paladar para que todos puedan salir a pasear, disfrutar de este lugar único en la ciudad y comer rico sin gastar mucha plata.
Sin lugar a dudas, San Telmo es un barrio para caminar. El que va con auto, pierde. En cada manzana hay dos o tres lugares que vale la pena visitar. ¿Qué otro barrio concentra restaurantes de todo tipo, un mercado a la antigua, una sombrerÃa, la tienda más cool de la ciudad, librerÃas de usado, y todo en 10 cuadras a la redonda? Para los que sigan la consigna de ¨caminar, caminar, caminar¨, va a ser muy importante poder comer algo al paso. Para eso existe El Banco Rojo: kebabs, falafel, empanadas de cordero y diversos especiales del dÃa (que se pueden chequear en Facebook) vienen alimentando a los transeúntes desde su reciente apertura. Todo sale rico, barato, rápido, un poco incómodo y muy feliz. Es de esos lugares que desde que abrió está siempre lleno. El hitazo total de la casa es el ¨Big Harvey¨: pan árabe abierto, relleno con langostinos, cebolla caramelizada, lechuga y salsa barbacoa. Todo esto de la mano de los mismos creadores del bar La Puerta Roja, (gran valor del barrio donde hacen las mejores papas fritas).
Con la misma consigna de la comida al paso ¿Qué mejor que una porción de muzza de dorapa? Para eso existe Pirillo. Silvia, hija del señor Pirilo, es quien ahora atiende amablemente este pequeñÃsimo bolichito sobre la calle Defensa donde se mezclan todas las clases, las gentes, los bolsillos, las caras, los sobrios con los borrachos. ¿Quién hubiese pensado que una pizza podrÃa generar tanta hermandad? Para comer ahÃ, sólo los gustos clásicos: muzzarella, anchoas (mi prefe), fugazza, fugazza con queso, fainá y pará de contar. Esta pizzerÃa abrió sus puertas en 1932 y se mantiene a través del tiempo con la misma estética, la misma gente, la misma propuesta y nos proporciona una ventana al pasado del barrio. Para la señora Silvia, que se crió ahÃ, es como su hogar, asà que mucho respeto.
Para aquellos que deseen sentarse a comer algo, propongo Aconcagua. TÃpico restorán de barrio, en la esquina de BolÃvar y Estados Unidos, es para ir cuando tenés mucha hambre, poca plata y ganas de algo casero: milanesa con papas fritas, mondongo, ñoquis y un guiso de lentejas que hace que el invierno valga la pena. Un parroquiano declara: ¨¿No probaste la ternerita a la española? ¡SalÃs hablando en gallego!¨. Este bar/restaurant está desde siempre en la esquina, y es de esos pocos lugares que quedan donde la gente del barrio se encuentra medio de casualidad y medio a propósito a tomar un café, a mirar el partido, a leer el diario y charlar de una mesa a la otra. Un vinito con soda, guiso, fútbol y vecinos. Linda postal.
Un poco alejado del circuito más poblado del barrio está El Refuerzo, que abrió hace poco más de un año. Este hermoso y pequeñÃsmo boliche propone cocina criolla sabrosa, casera y muy fresca: 3 platos del dÃa que cambian durante toda la semana, ricos vinos a buen precio, buena onda y honestidad, nada de ¨finas lonjas de…¨ ni ¨leve colchón de verdes¨. Picadas con muy buenos productos, sándwiches en pan casero, platos de olla, guisos, siempre una pasta en cartel, siempre una opción vegetariana (aunque no haya ese dÃa, podés pedir igual y te lo preparan de onda), todo se puede compartir, nunca te vas con hambre. Militantes de la yapa, siempre hay un 2×1, una promoción, un regalito al final, un frasco con caramelos para la despedida. Alfredo, el dueño y chef, me explica: ¨Vos cuando te vas y saludás, decÃs ´Gracias´. Estas son nuestras formas de decirle gracias a los clientes¨. Poetas, libreros y vecinos copan este lugar que ya se ganó una fama en el barrio. Ahora también abre los mediodÃas, momento en el que es más fácil encontrar lugar. En El Refuerzo se impone la ¨Merienda Vermú¨: 2×1 en aperitivos de 16 a 20 hs., con porotos incluidos y vereda para fumarse un cigarrito.
Finalmente, para los amantes de lo dulce, llega la hora del postre. La heladerÃa del barrio, que le hace frente a las grandes cadenas que se instalaron en la zona, se llama La Nonna Bianca y queda en Estados Unidos 425. Este local parece cortado y pegado de un pueblo del sur: bancos y mostrador de madera, gustos raros y una familia al frente del negocio, ofrece una muy buena calidad de producto a la mitad del precio que otras heladerÃas de renombre. Los favoritos totales son Chocolate New Orleans, Chocolate del Nonno y Limón al Pisco, además de una gran variedad de sabores originales que siempre quedan por probar.
Asà que, lector, ya sabe: si está en San Telmo, estos son los recomendados. Pero portese bien, que en el barrio me conocen todos. Ahora bien: ¿Usted a dónde come cuando anda por ah�

Mon Sendra
Estudia PsicologÃa en la UBA,
pero lo que más le gusta hacer
es tomar el té con masas, dibujar y leer.
20 comentarios
Juvi • 09 Jul 2012
MarÃa López • 09 Jul 2012
cositarrica • 08 Jul 2012
cositarrica • 08 Jul 2012
palomaunave • 07 Jul 2012
palomaunave • 07 Jul 2012
Bett • 06 Jul 2012
Irene • 06 Jul 2012
Ramiro • 06 Jul 2012
Claudio • 06 Jul 2012
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