3 de febrero de 2015

AUSPICIA ESTA SECCION OLIOVITA

Los calores de primavera son cada vez menos sutiles y los veranos azotan con temperaturas que no dan tregua. Estas son dos estaciones en que por lo general y debido al cada vez más insidioso calentamiento global, los tintos resultan demasiado pesados y alcohólicos para ciertas comidas y, en el caso de los blancos, no todos los aceptan de buena manera para acompañar los platos veraniegos.

Pues deje de sufrir amigo, la solución para estas épocas, el compañero ideal de carnes y mariscos en tiempo en que la caléndula aprieta, es un fresco vino Rosado o Rosé… si la va de fifí y así prefiere nombrarlo.

Muchos años han debido pasar para que los vinos rosados dejaran de ser incomprendidos. Durante largo tiempo fueron el patito feo de la boda entre tintos de estirpe y blancos prestigiosos. Quien tenga la suerte de haber conocido mundo, habrá notado que en Europa, a modo de ejemplo, en verano el vino más bebido en las terrazas, veredas y plazas suele ser un rico rosado, bien refrescado.

Actualmente los rosados ocupan un bien merecido lugar de privilegio entre nuestros buenos vinos Argentinos y muchos de ellos parecieran no tener nada que envidiarles a un L’Agary Languedoc-Rose, Edoardo Miroglio o un Castel D’Edad Merlot Rose por nombrar tan solo tres de los más afamados mundialmente y que me vienen a la cabeza en este preciso momento.

¿Pero que es un vino rosado? Fundamentalmente un rosado es un vino tinto con una muy fugaz maceración.

Si bien en buena parte del siglo XIX, la sociedad fiestera Europea y la alegre aristocracia argenta, le daban tupido al clarete, mezcla de vino blanco y tinto, hoy día por una cuestión de normativas los vinos que conocemos como rosados, se elaboran mediante el proceso de vinificar uvas tintas.

Los métodos más usuales para hacer vinos rosados son:

Por contacto con los hollejos de uva tinta, que consiste en aplastar las uvas permitiendo que el jugo o mosto quede en un breve contacto con estos durante la fermentación, evitando que se coloreé demasiado.

El método de sangrado o Saignée es otra técnica que surge a raíz de la elaboración de vino tinto. Cuando el enólogo desea que los fenólicos se intensifiquen para dar mayor color y sabor en el vino tinto en un comienzo de la maceración, un porcentaje menor del jugo rosado se retira. Ese jugo rosado “sangrado”, se fermenta separadamente para producir un vino rosado algo intenso.

Por último, el rosado obtenido por mezcla de vino tinto y blanco es infrecuente, salvo en la elaboración de espumosos o dicho de modo que se entienda, Champagne.

Durante la Segunda Guerra Mundial en EEUU, tuvieron un cierto apogeo los rosados ligeramente dulzones y a mediados de los 70 ́s la demanda de blancos era tal que algunos productores comenzaron a elaborar vino “Blanco” con uvas tintas.

Fue un escritor estadounidense llamado Mead quien al visitar por esos años unos viñedos en el condado de Sonoma, probó un Cabernet de color rosa pálido al cual bautizó como Cabernet Blush (ruborizado) lo cual fue años después denominación de origen para los rosados vendidos en Norteamérica. Si bien acá hay algunos ejemplos, como el Humberto Canale Blush Rosé.

Si bien hoy día el nombre francés “Rosé” se utiliza mucho, cada vez más se aplica el nombre del cepaje utilizado en su elaboración, como “Malbec Rosado” o “Merlot Rosé”, por ejemplo.

Los rosados hoy día resultan ser vinos maravillosos, sutiles y gráciles en aroma, sabor y color y si bien no descollan particularmente en ninguno de esos aspectos, suelen ser totalmente agraciados en armonía, muy apreciados por sus matices y agiles de tomar… ”drinkeables” como solía decir mi querido Brascó.

En la actualidad el sistema de definición cromática de colores es conocido como Pantone y allí pueden encontrarse una inmensidad de diferentes tonalidades de rosados, pues del mismo modo hay hoy en nuestro país una amplia gama de rosados capaces de satisfacer todos los paladares y acompañar de maravillas cualquiera de los bocados y momentos del verano.

Salud!

Tres de mis tantos Rosados favoritos:

GOYENECHEA MERLOT ROSÉ.

De atractivo color rosado salmónido, es este un rosado concentrado debido al cepaje merlot y coherente al estilo de esta Bodega. Huele a cerezas y frutillas, es muy armónico respecto al azúcar y la acidez, no es empalagoso como algunos sino más bien fresco y seco.

Muy agradable de beber, por su frescura resulta ideal para frituras de pescado como unas rabas bien doradas. Todo un best value.

CARMELA BENEGAS CABERNET FRANC, ROSADO.

Federico Benegas tiene devoción por el cepaje Cabernet Franc y hace muy buenos vinos con esta uva. Tal el caso de este rosado fresco y de gran elegancia, de muy buen equilibrio en boca entre la fruta y el azúcar, se paladea un buen remedo de frutos rojos y persiste en boca tiempo después del trago final. Un rosado francamente genial para momentos que merecen resaltarse.

ATILIO AVENA SHYRAZ ROSÉ.

Gran Bodega y grandes vinos los de Atilio Avena, con una excelente relación precio-calidad. Vinos que nunca defraudan y siempre te hacen quedar bien. El vino cautiva desde la botella por su color cereza intenso. Su aroma es el de frutos rojos frescos y el del viñedo, hay mucha vivacidad en el.

En la boca vas a encontrarte con un rosado muy cautivante con la complejidad del cepaje Syrah -tal como figura en la etiqueta-, con mucha frescura, buena acidez y un dulzor leve para nada invasivo que lo realza en boca. Ideal como aperitivo o con sushi de salmón.

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