Por Alejandro Maglione

Lo habitual. Muchos de nosotros, quien más quien menos, tenemos un deseo oculto de llegado el caso poder hacernos invisibles voluntariamente. Hemos soñado con estar en una reunión donde nadie sabe que estamos y además si se habla de nosotros, mejor. Claro que de pronto descubrimos que nuestra pareja o mejor amigo se expresa de nosotros en términos inimaginables y ahí viene un shock de desencanto.

Los restaurantes. En realidad, debo decir, algunos restaurantes, tienen esa magia de hacernos sentir invisibles. Por ejemplo, entro y durante interminables 5 minutos –que para nuestro reloj interno habrá sido media hora- entramos y nos quedamos allí parados sin que nadie nos reciba.

Hay mozos observándonos, pero en el país del “disculpe, pero esta no es mi mesa”, no debemos esperar que un mozo cualquiera tome la iniciativa de darnos la bienvenida y al mismo tiempo llamar la atención de quien debe ubicarnos. (Hay excepciones notorias como el Damblée, el Oviedo, Bella Italia y otros).

No, uno entra, con cierto aire de “hola, ¡aquí estoy!” y no pasa nada…Somos invisibles por unos momentos. Nadie nos ve, por lo tanto, nadie nos atiende.

La famosa frase aprendida en los programas de Calidad Total: hay una sola oportunidad para causar una buena primera impresión, aquí no aplica. Hay lugares que es clarísimo que no les desespera causar esa buena primera impresión.

A la antigua.  Los restaurantes “a la antigua” son los que muestran a un jefe de salón, el propio dueño o cualquiera de los mozos, comedidos por mostrar la satisfacción de recibir a un cliente. Lo curioso es que en el negocio de la hospitalidad esto se considere un comportamiento antiguo.

Como antiguo es responder un mail. O quizás un llamado. ¿Hay alguien que esté leyendo esta columna que no le haya pasado que el mensaje de Whatsapp que mandó muestra las flechitas azules y nunca se lo respondieron?

No, las buenas maneras de ayer hoy resultan pegajosas, obsoletas, pesadas. Lo raro es que los dueños de restaurantes recién llegados al negocio no adviertan que, como dicen los millenials, ser atento “garpa”.

La buena atención es uno de los requisitos que cualquiera espera a la hora de elegir un restaurante. Su cocina, su ubicación, su menú, son todos factores fundamentales. Pero hoy más que nunca sigue vigente aquello de: un plato regular lo mejora la buena atención de un mozo. A un gran plato lo destroza la mala atención.

A la hora de pagar. Sucede otro gran momento de invisibilidad. Personalmente he agotado mi paciencia agitando brazos para que el mozo, habiendo ya servido el café, nos traiga la cuenta.

No pocas veces aplico el antipático recurso de levantarme y pagar en la caja directamente.

El cambio generalizado. Ahora soplan aires tropicales, donde la hospitalidad va quedando en manos de hermanos venezolanos, colombianos, ecuatorianos y la diferencia se nota. Sea por el motivo que sea, es gente con una sonrisa permanente; una buena actitud reflejada en sus caras y un inocultable deseo de que nos sintamos bien atendidos.

Esta actitud, que de eso se trata, ya que no es una aptitud, todavía se encuentra fácilmente en otros lugares del país. Allá ser hospitalarios sigue siendo un modo de vida. Saludarse en la calle, en el supermercado, en la estación de servicio y, por extensión, en los locales comerciales, hoteles, cafés o restaurantes.

Otra forma de cambio. Ahora se está dando con los restaurantes que directamente no tienen mozos. Ud. se acerca a la caja, dice lo que desea comer del menú, le dan un ticket; mientras le preparan el plato se sirve la bebida y listo. Imposible ser maltratado.

Conclusión. Si quiere sentirse invisible vaya al lugar adecuado donde pueden hacer que se sienta plenamente de esta manera. Es un privilegio que tenemos reservados los porteños…

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1 Comentario

  • Julian Alvarado

    Le paradis de l’informateur

    La Julian Alvarado Corp. siempre creando lo que la gente necesita, el restaurante màs nombrado de las redes sociales y los grupos de gastronomía un lugar donde revolcarse de placer. Tomamos reservas y cuando usted llega no tiene lugar, lo hacemos esperar dos horas y tenemos 45 baños para siempre sentarlo en la mesa frente a la puerta de los mismos, solo diez centímetros separan una mesa de la otra, mesas de 45cm por lado, chuecas, sillas destartaladas, mantel de papel, vasos cívicos, cubertería surtida, panera con un felipón de ayer o de anteayer, dip de mayonesa Marolio, servicio de mesa 100 mangos por barba, pastas de precios cuidados siempre frías y pasadas a solo 300 manguitos el plato y la salsita aparte, simple 100 y mixta 200, carnes recocidas , duras y secas, papas babosas, pollos gomosos y semicrudos, ensaladas de dos o tres ingredientes a 300 mangos, frituras en aceite de palma, limonadas con limòn de botella a 200 la jarra, flan de polvo, queso y dulce, queso punta de agua y dulce Emeth, Mansero Sanjuanino por copa a solo 150, cafè batido a 70, no aceptamos ninguna tarjeta, ni debito ni credito, aceptamos dólares uno a uno, no damos ticket ni factura ni comprobante alguno, le hacemos la cuenta en el mantel, no tenemos aire acondicionado ni calefacciòn, ni siquiera un ventilador, no lo saludamos, lo tratamos como el culo y lo echamos en cuanto se emboque el último bocado, no se lo pierda, tiene para postear por años con una sola cena, permitimos sacar fotos.

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