Por Alejandro Maglione

 

El estudio. Una organización española que se llama Iniciativa CORK realizó un estudio sobre el comportamiento de los españoles en el consumo del vino. La muestra abarcó a 1.200 personas, lo cual permite considerarla un índice confiable de tendencia.

 

Allí se aprecian  conclusiones que pueden sorprender a varios. Por ejemplo. El 70% de los españoles toma al vino como una bebida ocasional. No forma parte del hábito de este grupo de consumidores el de apurar una copa de vino habitualmente.

 

El 24% declaró consumir vino los fines de semana. Y un 22% reconoce que lo toma en momentos puntuales y en celebraciones.  Un 16% se enroló entre los consumidores de una a dos veces por semana. Un 6% dijo que directamente no le interesa consumirlo. Un 66% de la muestra reserva el consumo de espumosos y  champagnes para las ocasiones celebratorias.

 

La estadística por fin indica que el consumo anual per cápita ronda los 21 litros…

 

Lo interesante es que España es considerada como el mayor viñedo del mundo por su área de cultivo. Al mismo tiempo luce como primer exportador de vino en volumen. Y se mira a sí misma como uno de los países que considera al vino como su bebida ícono.

 

¿Y por casa? Por casa la cosa no anda demasiado mejor, con la diferencia de que la salida de nuestra producción en dirección al exterior se ve constantemente desalentada ya sea por retenciones a la exportación; o quizás por el atraso en la cotización del dólar que nos aleja de los mercados más competitivos donde los precios se comportan de manera inflexible a la suba. Entre varios otros factores que conforman el desdichado “costo argentino”.

 

Seguimos añorando aquella Argentina de 50 años atrás con un consumo anual  per cápita de más de 90 litros. Hoy venimos descendiendo escalones: antes de ayer 25 litros; ayer 24 y hoy 23…

 

Iniciativas. Hay organizaciones que luchan por revertir la curva. Bodegas de Argentina, Wines of Argentina, el Instituto Nacional de Vitivinicultura, entre otras buscan la manera de entusiasmar a los potenciales consumidores argentinos y del exterior para que se acerquen con mayor frecuencia a una buena copa de vino.

 

También a veces aparecen otras de productores medianos y pequeños. Un buen ejemplo es la organización PIPA que nuclea a los productores de una de las regiones mendocinas que brilla como una estrella naciente: Altamira.

 

Viendo de afuera. Los años me han enseñado que a veces hay que escuchar a los que miran de afuera un negocio al que no le encontramos la vuelta. Las estadísticas de países como España que acabamos de repasar no deben ser consuelo de tontos, sobre todo porque aquel país sigue creciendo en sus exportaciones.

 

Visto de afuera a veces pareciera que los esfuerzos son dispersos. Descoordinados, quizás. Es un don Pirulero en el que cada cual atiende su juego.

 

Los que observamos el negocio rara vez nos enteramos de las muchas acciones que se realizan en el exterior en pro de la difusión de las virtudes de nuestro vino. Si se está en la cosa, se entera. Sino….

 

La campaña del vino en el país se realiza inexplicablemente para las fiestas de Fin de Año. Nadie sabe explicar a ciencia cierta el porqué de esta estacionalidad. Que se dejen atrapar en este estereotipo los productores de sidra y espumosos vaya y pase, pero el mercado de los vinos tranquilos no pueden salir a proponer su consumo en un mes puntual, con maravillosa pieza televisiva de grupo jaranero exhortando recibir a Papá Noel tomando un delicioso Malbec.

 

Hay que reconocer que el esfuerzo de algunos sommeliers por darse un lugar a costa de usar términos rebuscados que alejan al consumidor común de la compresión del vino, no es bueno. Como concentrarnos los que difundimos los vinos en los productos más caros, dando la sensación al gran público que para tomar un buen vino se debe tener un bolsillo de payaso,  tampoco ayuda demasiado.

 

La misma descoordinación se ve en las incontables ferias que se realizan especialmente en Buenos Aires y Mendoza, con tímidos esfuerzos en Rosario y Córdoba. Nos debemos la GRAN feria y exposición del vino argentino, donde las bodegas de todo tamaño vuelquen sus recursos y esfuerzos.

 

Y por sobre todo, en lugar de dar a conocer las reuniones que realizan los pequeños y medianos productores para repensar el negocio, se deberían convocar a los que tengan alguna idea innovadora para doblar la maldita curva de caída. Juntarnos los mismos, para decir y escuchar los mismos lamentos y diagnósticos,  es por decir algo: tóxico. Es el perro que se muerde la cola.

 

Conclusión. Hay que atreverse a imaginar una acción rupturista con todo lo que se ha hecho y se sigue haciendo. Un mercado que suele explicarse que fue desplazado por las cervezas se olvida que el crecimiento de la cerveza artesanal sigue viento en popa a pesar de que los precios ya han igualado al de excelentes vinos de precios muy accesibles.

 

Hay una acción cultural que no termina de tomar forma: nuestros jóvenes toman contacto tempranamente con bebidas de las denominadas “blancas” de alto contenido alcohólico, mientras la industria del vino observa sin intentar convencerlos de las virtudes para la salud física y mental de consumir el sanísimo jugo de uva fermentado. Los cerveceros artesanales aseguran que llegaron al medio millón de consumidores y que apuntan a alcanzar rápidamente el millón. Mi pensamiento es: “será así si el vino se los permite…”. ¿Será?

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1 Comentario

  • Edu59

    Muy atinada la nota sobre nuestro vino
    Slds

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