Alejandro Maglione

amaglione@datamarkets.com.ar

 

La importancia del tema. La cotidianeidad de algunas cosas que usamos con frecuencia nos lleva restarles la importancia en nuestras vidas.

 

Como se dice ahora, prácticamente naturalizamos toda nuestra vida cotidiana, hasta que nos falta la luz, el agua o ambas cosas. Abrir un cajón y tomar un cuchillo o un tenedor es la cosa más natural del mundo. Pero alguna vez se preguntó vivir en un mundo donde alguno de estos dos utensilios faltara al alcance de su mano si es que llegara a precisarlo.

 

El tenedor. Quizás ha sido el elemento más comentado e historiado. A veces con una información histórica más que endeble  suele atribuir la presencia del tenedor en Europa a la genialidad de Leonardo da Vinci. No hay evidencias sólidas.

 

En cambio, hete aquí que la primer referencia lo atribuye a una princesa de Bizancio que llegó a Venecia desde Constantinopla en el año 1000, en pleno medioevo. La intención era casarla con el hijo del Dux. Todo iba sobre ruedas hasta que en la primer cena formal, una dama de compañía le acerca un estuche, del que la princesa extrajo un tenedor de tres puntas, bañado en oro y con mango de marfil. La muchachada miraba atenta a ver que iba a hacer con ese instrumento, y observaron admirados que mientras las otras damas enchastraban sus deditos por comer la comida con la mano, la bizantina pinchaba delicadamente trozo por trozo y se lo llevaba delicadamente a la boca.

 

La dama estaba rodeada de cuchicheos de admiración hasta que….hasta que se para un obispo y ladra: “¡¡¡¡esa mujer es una bruja, tiene en su mano el tridente del demonio!!!”. Para qué: se armó un revuelo, hicieron que ella y el tenedor de oro volvieran de inmediato a su patria, dejando el casamiento en agua de borrajas.

 

La siguiente referencia de los tenedores parece ser que se refiere a la llegada de Catalina de Médici para casarse con el rey de Francia, a la sazón Enrique II. La doña se presentó con una corte de cocineros y recetas que los franceses supieron aprovechar de inmediato, dando origen, quizás, a la que sería la afamada cocina francesa. Dentro del equipaje culinario vinieron unos tenedores de dos puntas –brocas- que rápidamente fueron adoptados por la corte de Enrique.

 

¿Y entonces? Pasó que el uso del tenedor produjo cambios en todo sentido. Hubo que comer en mesas, para poder apoyar el plato. La aparición de mesas en las casas burguesas hizo que se necesitara un espacio dentro las cocinas para colocarlas, y entonces se corrieron los fuegos hacia las paredes laterales. En las casas más pobres también se pudo dejar de comer de la olla, sacado lo que hubiera con un cazo y llevándose la comida a la boca con un trozo de pan. Todo producto de un tenedor…

 

El cuchillo. Sin duda que es el abuelo de los utensilios. Pensemos solamente en que se han datado algunos hallados en excavaciones arqueológicas en unos dos millones y medio de años.

 

El cuchillo significó entre muchas otras cosas el que el ser humano pudiera llegar a más viejo sin necesidad de depender de una buena dentadura para poder comer y mantenerse vivo. La alfarería junto con los elementos de cortar, posibilitaron el milagro de una supervivencia más longeva.

 

En las cortes, el que manejaba el cuchillo en la sala era el trinchador. Un oficio de tal confianza, ya que mientras cortaba los mejores trozos para su señor, los iba probando para descartar cualquier intento de envenenamiento.

 

Hoy el mercado está inundado de cuchillos de todo tipo y de los más variados metales. Quizás los más interesantes sean los de forma de abanico que usan los chinos. O el Santoku japonés, que ya tiene uso generalizado en Occidente. El cuchillo de chef habitual, grande y contundente. El cuchillo para filetear verduras, más liviano. El de pan con hoja dentada, que además se comporta maravillosamente frente a un zapallo grande o una sandía. Uno pequeño para pelar verduras. El que sirve para deshuesar. El fiambrera… Y después lo que le dé la gana.

 

Los materiales más utilizados en la actualidad son el acero inoxidable; el de titanio y los coloridos de cerámica, que aseguran que no hace falta afilarlos…¿Será cierto?

 

Redondeando. Como sea, a pesar de que no ha sido parte de la nota, el más viejo de los utensilios junto con el cuchillo, ha sido la cuchara. Pero ese, ese es otro tema.

 

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1 Comentario

  • Martina

    Como siempre, disfruto enormemente estas notas.
    Un placer leerlas.

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