Por Alejandro Maglione

El tema. Desde los medios de comunicación nos advierten que se acaba de prohibir el consumo de una serie de legumbres congeladas importadas de Hungría, que vienen contaminadas por un peligroso virus y cuya presencia se habría detectado en Europa ya el año pasado.

SENASA, Anmat e Infosano. Al parecer son algunos de los organismos que nos protegen la salud. Lo que llama la atención es que la alarma recién se da a conocer cuando la alarma había sonado largo tiempo atrás.

Algunos argumentan que lo que sucede es que los organismos de control no lo ejercen. Denuncias no comprobadas hablan de un SENASA sensible a permitir ciertos desvíos sin razones aparentes. Se habla tanto, que quizás sea llegada la hora de que las autoridades den a conocer las tareas de supervisión que se realizan para que cada uno haga lo suyo.

Los organismos se defienden diciendo que el personal para controlar lo que se consume en el país es insuficiente. Otro tema para que quien esté en una instancia superior haga una evaluación de este argumento. Porque, si de algo estamos todos convencidos es que en el estado hay personal de sobra, lo cual debería llevar a relocalizar recursos humanos para ejercer esta tarea fundamental a favor de la salud de los ciudadanos.

Gato por liebre. Poco a poco vamos sabiendo el origen de muchos alimentos que no provienen de donde dicen provenir. No hay en esto un problema alimenticio en general, sino el de no decir la verdad a los clientes. Por ejemplo, la televisión española proyecta documentales donde los pescadores de pulpos de su país que se lamentan porque la sobre explotación ha ido agotando el recurso.

Entonces, nos enteramos que el “pulpo español” viene de Túnez o Marruecos. ¿Por qué no decirlo? Lo curioso es que el pulpo de otros mares es también excelente, dicho sea de paso.

El tomate. Algunos restaurantes italianos de Buenos Aires alardean de utilizar salsa de tomate venida de Italia debido a que en la Argentina no encuentran la calidad deseada. Curioso, Italia consume un tomate que el 75% viene de China. ¿Esto quiere decir que el 25% de producción local lo exportan para que lo consuman los clientes de algunos restaurantes porteños? Raro. Como raro es que el gran cocinero Pedro Picciau utiliza un tomate que él se hace traer de la provincia de Mendoza, lo que quiere decir que hay buen tomate disponible en el país, aunque haya que irlo a buscar algo lejos, si bien no tanto como la querida Italia.

¿Y el aceite de oliva? Pasa otro tanto. Los cocineros italianos locales y algunos nacionales, sostienen que su aceite de oliva es único. Pero resulta que los españoles se vanaglorian de que exportan cantidades alucinantes de su aceite de oliva a Italia para que ésta pueda atender sus demandas exportables. De dónde podemos concluir que lo que se recibe de Italia en buena parte  es aceite español con un “Made in Italy” que no sería exactamente así. Un punto a favor: un conocido cuoco declaró que ya no usa más el “irreemplazable” aceite de su país, sino un mendocino que harían para él, proveniente de una finca de 2 hectáreas. Que cunda el ejemplo.

Pero España también exporta y mucho, entonces nos enteramos que importan aceite de maravillosa calidad de la Argentina y el Perú, entre otros países. De donde cuando uno ve a los amantes del aceite “español” porque en nuestro país “no hay nada que se le parezca”, es posible que estén consumiendo nuestro excelente aceite de oliva, ahora enmascarado con un curioso “Made in Spain”.

El salmón y las salmoneras. Los amigos de Ushuaia están en una agresiva campaña contra la instalación en el Canal de Beagle de una salmonera venida de Chile de capitales noruegos. Esta empresa del país hermano, ha sido denunciada por darle a sus falsos salmones rosados una dosis de antibióticos superior al 1000% de lo que usan en los establecimientos de su país. Por este motivo y otros, se destruye el piso marino donde se instalan.

Lo curioso es que algunos de los bravos cocineros fueguinos, luchan contra la presencia de la salmonera, pero no así contra el falso salmón rosado (lo atiborran de productos para que su carne blanca se torne rosada) portador de dosis increíbles de antibióticos. Un distraído me dijo: “es que se vende con un buen margen”. Sin palabras.

Cerdos por limones. La industria nacional productora de cerdos y sus derivados en muchos casos vienen invirtiendo en la tecnología que les permita producir más y mejor en este rubro. Entonces, aparece un burócrata y resuelve que hay que ayudar a los limoneros tucumanos, para lo cual se negocia con los Estados Unidos la entrada irrestricta de los cerdos producidos en ese país, a cambio de la entrada de nuestros limones en el país del Norte. No, por lo que me han informado, nadie consultó con los productores nacionales acerca de las consecuencias de esta medida. Se les notificó y punto.

La harina. Fuimos criados en el amor al pan y a sus virtudes alimenticias. Hace poco se llamó la atención acerca de que hay algunas harinas que son “blanqueadas” con productos clorados. De ser verdad, la pregunta es: ¿hace falta? Todas las notas sobre alimentación sana hablan de que cuanto más oscura la harina mejor. Los que tuvimos oportunidad de viajar y probar las famosas baguettes francesas, la primera vez nos sorprendimos de que la harina con que están hechas tiene un curioso tono grisáceo y sin embargo siempre nos han parecido deliciosas.

Conclusión. Basta de este “gato por liebre” que no es necesario ejercer y en el caso de los productos potencialmente dañinos es obligatorio quitarlos del consumo. El SENASA tiene varias deudas pendientes con sus ciudadanos y muchos lo saben, pero todos susurran en voz muy baja. ¿Y si cambiamos?

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