Por Alejandro Maglione

Hacía bastante tiempo que no iba a Mar del Plata para espiar su gastronomía. Me llevaron Coloquios de IDEA y otros congresos, perdiéndome de conocer las propuestas gastronómicas que tiene nuestro principal destino turístico veraniego.

El Gato Dumas se quejaba de no entender una suerte de locura de los argentinos, que al visitar este balneario eligen para comer aquellos lugares con buenas propuestas de carne vacuna.

Los visitantes habituales suelen comentar que hacen alguna que otra escapada al puerto para hacer su inmersión en el mundo de los pescados y mariscos. Pero no hay cotidianeidad en el consumo de estos productos. Es como decir, “no podemos estar aquí y no haber comido  pescado algún día”.

Tampoco el turista común se fija en la gastronomía de gran calidad que se está ofreciendo. Por ejemplo, hacía demasiado tiempo que no iba a “Sarasanegro”, el magnífico restaurante de Patricio Negro y su esposa Fernanda. Un interesante ejemplo, como otros que conozco, donde se confunde afortunadamente a la “sociedad conyugal” con la “sociedad comercial”.

En Sarasanegro Patricio cocina –estupendamente- y Fernanda se ocupa de todo el resto. Salón, gestión comercial, compras, y un largo etcétera….

La cocina que encontré fue algo absolutamente fuori serie. Sentí que Patricio le ha agregado magia a su natural talento culinario. A esto se le sumó una remarcable atención. Y todo por precios que sorprenden agradablemente a los sufridos porteños. Todo junto, explicó que un día de semana cualquiera, el lugar estuviera lleno. No hay misterios.

El misterio se develaría si pudiéramos responder la pregunta: ¿cómo es que no figura entre los 50 Best de América Latina? Argentina tiene una deuda pendiente con los magníficos restaurantes que están fuera de Buenos Aires.

Tuve oportunidad de participar de una presentación World Class que hiciera la bodega López con buena parte de sus últimos lanzamientos, sumado a un co-branding con los productos tandilenses de Cagnoli. Todo fue una gran fiesta, organizada por Silvia Prieto en el Golf de la Feliz. Fue interesante ver que, a pesar de ser una gran ciudad, el salón estaba lleno de amigos que se conocían todos entre sí. La experiencia demostró que son muchos los marplatenses que también están prontos a responder positivamente a estas convocatorias enogastronómicas.

Esa familiaridad también la noté entre los clientes que un mediodía cualquiera colmaban el Palacio del Bife, lo que me dio una segunda comprobación: a los marplatenses también les agrada entregarse al placer de comer un buen bife con papas fritas.

Conocer toda esta realidad me llevó a conversar con Gabriela Magnoler, que es la Presidenta del Ente Municipal de Turismo de Mar del Plata, acerca de poner más foco en que esta ciudad sea tomada también como destino del Turismo Gastronómico. Ella me explicó que tan de acuerdo estaba con esta idea, que había apoyado la posibilidad de que en el mes de febrero la feria MASTICAR haga aquí su presentación en sociedad fuera de la ciudad de Buenos Aires. Todo indica que ya es una realidad.

Paso a paso iremos logrando que la Argentina toda se transforme en un destino para los amantes del Turismo Gastronómico, como lo son Francia, España, Italia o Perú. Hasta para un viaje de 1000 km hace falta un primer paso, ojalá que Mar del Plata sea ese paso.

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