1 de junio de 2015

 

 

“No tenemos mar, pero tenemos bar”, dice una vieja máxima de Belo Horizonte, la tercera ciudad más grande de Brasil. Quizás esa frase sea la que mejor la caracteriza: a más de 500 kilómetros de la costa, la capital del estado de Minas Gerais no tiene el glamour de las playas de Río de Janeiro, ni la enorme área urbana de San Pablo, ni la arquitectura futurista de Brasilia (aunque cuenta con algunos edificios del célebre arquitecto Oscar Niemeyer), y su mayor estadio, el Mineirão, es célebre solo para alemanes (y quizás argentinos) por ser el escenario de la derrota de Brasil por 7 a 1 durante el mundial 2014. Pero hay algo que la ciudad tiene, y de sobra: bares.

 

Los hay de todo tipo, pero los más tradicionales, los que forman la mayor parte de los más de 12 mil establecimientos que tiene Beagá (como comúnmente se llama a la ciudad, por sus siglas en portugués), son los llamados botecos. “El boteco es un bar que no es para exquisitos,  que no tiene mucha inversión por parte de los dueños, y que suele tener buen ambiente aún si no se puso un centavo en muebles modernos o vasos diferentes”, explica Barbara Galuppo, originaria de Belo Horizonte, y responsable junto a su hermano Felipe por el emprendimiento gastronómico de dulces brasileros “Sweet Barbarians” en Viena, Austria.

 

Otro ingrediente infaltable de un buen boteco, según Galuppo, son los bocadillos típicos, llamados “tira-gostos” (algo así como saca-gustos, suerte de tapeo o picada brasilera), que por regla no suelen ser para amantes de las bajas calorías: frijoles y frituras por doquier.  Una vez por año, en el mes de abril, el concurso “Comida de Boteco” elige al mejor de la ciudad, basado en sus “tira-gostos”, y tiene categorías como higiene, temperatura de la cerveza (en Brasil, cualquier grado menos que “helada” es un casi un crimen) y servicio. Además de cerveza, también se bebe la infaltable cachaza, y otro eterno preferido es la caipirinha.

 

La cultura que gira en torno a los botecos tiene representantes ilustres, como el bar Bolão, en el barrio bohemio de Santa Teresa, que ha sido frecuentado por músicos como la banda Sepultura, o el cantautor Milton Nascimento, entre muchos otros, o los bares que se encuentran dentro del Mercado Central, que siempre se llenan.  Sin embargo, las opciones no se limitan a los lugares tradicionales: después de todo, la ley de 2009 que declaró a Belo Horizonte como “Capital Mundial de los Botecos” (sí, es un título otorgado por ley, como para que nadie lo discuta) aclara que considera así a todos los bares y restaurantes de la ciudad.

 

El cocinero Felipe Galuppo, hermano de Bárbara y también residente de Viena, explica que luego de un tiempo en Austria notó cambios en las opciones y los hábitos de la ciudad: “Veo como una hipsterización de Belo Horizonte. Ahora hay más bares en espacios recuperados, muchos centros culturales, y muchas más opciones para ir a beber coctelería”.  Las alternativas han ido creciendo de mano de nuevas generaciones de bebedores y salidores, que acorde a una tendencia global, buscan otro tipo de lugares. Pero el boteco, con su apabullante cantidad y su ambiente relajado, sigue siendo el rey de una ciudad que hace culto del buen vivir, representado por varias horas de charla con amigos, bebidas bien frías, y comida deliciosa y para nada light.

 

 

 

  • Facebook
  • Twitter
  • Google Plus

2 Comentarios

  • Mari

    Excelente!!.Galuppo describen muy bien los butecos de BH.

  • ASTERO

    En MADRID, hay casi 15.000. Tiene el considerado primer Restaurante del mundo, fundado en 1725. Restaurante Botín. Yo valoraría q una ciudad, se caracterice más, por la cantidad de escuelas y Universidades Públicas q tenga. Madrid, no es una de ellas.

Dejar un comentario

Todos los campos son requeridos. Tu dirección de mail no será publicada.