5 de julio de 2014

 

 

Fue Alberto “Bitito” Mieres el autor del nombre “La Biela”, uno de los bares más famosos de Buenos Aires. Corría con Juan Manuel Fangio y Froilán González.

 

Cuando los echaron de Cavia y Avenida del Libertador porque entraron al bar en auto, empezaron a deambular por la zona. Y justo se les fundió una biela en la esquina de Quintana y Junín, en la puerta del entonces Aerobar.

 

“Este lugar se va a llamar la biela fundida”, dijo uno de los mayores playboys de Buenos Aires. Quedó “La Biela”.

 

En los años ‘20 se había llamado “La veredita”. Cuando los jóvenes estacionaban las motos en la puerta, el dueño les gritaba: “¡No me estacionen las motos en la “veridita!”.

 

En honor a aquel español, La Biela sirve un sándwich que se llama “la veridita”: un tostado de miga de jamón, queso y morrones de forma triangular como la medida de una media baldosa.

 

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Los recuerdos son de Carlos Gutiérrez García, que empezó en La Biela en 1966, solo poco tiempo después de bajar del transatlántico que lo había traído de la provincia de León en España.

 

Si bien empezó como mozo, también era socio del local con su tío. “Me gustaba mucho la coctelería”, dice Gutiérrez, que estudió con el famoso Manolete. Manuel Otero Rey emigró de La Coruña en 1949 para venir a la Argentina a hacer lo que más le gustaba: fue barman en el Café de los Angelitos, el American Store, Only Down, Queen Bess, Mc Gregor y Bigote.

 

“Yo pensaba emigrar a Suiza pero mi tío me propuso Argentina; y acá estoy”, dice Gutiérrez.

 

La esquina de Junín y Quintana es una de las pocas de la ciudad donde siempre hubo despacho de alimentos y bebidas. Perteneció al ex Virrey del Pino. Eran tierras que estaban justo del otro lado de Callao, que fue la primera frontera de la ciudad.

 

La familia les regaló a los peones en 1820 la esquina para que pusieran una pulpería. En 1880 se convirtió en la pulpería del vasco Michelena. “Dicen que era la pulpería más famosa”, comenta Gutiérrez. A partir de 1900 empezó a ser bar, un poco pesado porque estaba al lado del cementerio y poblada de malevos y cuatreros.

 

Cuando mi tío y yo vinimos el bar era más chico. En el ‘67 abrimos el restaurante de La Biela que estuvo hasta 1994. Pero como era muy caro tener dos cocinas, personal doble, etcétera, unificamos con una reforma muy grande. Nos dijimos ¿por qué no hacer un bar con la tradición de La Biela más algunos platos del restaurante pero con una sola cocina?”.

 

Fue la gran decisión porque desde entonces en La Biela entran por fin de semana entre 2000 y 3500 personas, turistas y porteños.

 

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“Una de las primeras mujeres que atendí fue Mina. También a Julio Iglesias, Susana Giménez y Mirtha Legrand. Los mismos que venían al bar venían al restaurante”, recuerda Gutiérrez.

 

Hoy también lo frecuentan Jorge “el turco” Asís y Moisés Ikonicoff. Daniel Tinayre iba a La Biela a comer huevos a la Po Parisky o huevos porteños, más conocidos como huevos a la Poparevsky. Hoy los hace el Grill del Marriot Plaza. Son huevos pocheados cocinados en pan lactal.

 

Según Gutierréz solo los restaurantes del Alvear Palace Hotel y del actual Marriot Plaza eran comparables con la calidad de La Biela.“En cambio, hoy en Buenos Aires podés comer lo que quieras donde quieras. Los turistas quedan maravillados con la oferta gastronómica de Buenos Aires”.

 

La Biela es uno de los pocos bares donde te llevan un sifón de agua con el vermouth. Más nueve platitos con aceitunas verdes y negras, queso, jamón, mondongo, croquetitas de pescado, maní y galletitas.

 

En 1967 en esa esquina los jóvenes aristócratas del barrio corrían picadas los viernes. Salían de la Av. Alvear, hacían Parera y bajaban por Av. Quintana. Si llegabas a cruzar por ahí corrías riegos. Se juntaban como 3000 curiosos. Venía gente de todos los barrios. Se sabía que a las 9 de la noche arrancaba la picada. Y como la Asociación Argentina de Automóviles Sport no tenía sede, a La Biela le decían “La Secretaría”.

 

Hoy el local está decorado con bielas de tractor, motos y coches, focos y matafuegos. Hay una foto de Fangio que Aldo Sessa le regaló al bar. También fotos de Borges y de Bioy Casares, dos clientes del bar que también tienen su estatua. Sábato también era cliente. Todos escribieron algo sobre el bar. Bioy tenía la mesa 20.

 

La Biela tiene lugar para 700 personas. La mitad adentro y la otra en la vereda. Está abierto de lunes a lunes desde las siete de la mañana hasta las 2 de la mañana. Solo cierra el 1º de mayo. Y las noches del 24 y 31 de diciembre. En La Biela trabajan 58 personas.

 

Va mucha gente del barrio de La Recoleta. Hay clientes de tres generaciones de la misma familia. La Biela es tan famosa aquí como en el mundo. La BBC de Londres y el New York Times han filmado y escrito varias veces acerca de este bar a la sombra de un gomero de 1700. Pero no sólo la historia sostiene a La Biela, también son los clientes de hoy. Varios la usan de oficina. Y los mozos son famosos por su sonrisa. Gutiérrez todos los años les da un curso para perfeccionar el trato con los clientes. “Yo sé que la gente quiere que la traten bien. El día que nos falte ese clic, sonamos”.

 

Histórica y contemporánea. Con recuerdos de bodegón pero muy exclusiva, La Biela sigue alimentando tardes deliciosas en una de las esquinas más pintorescas de Buenos Aires.

 

 

¿Cuál es tu preferido entre los bares más tradicionales de Buenos Aires?

 

 

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1 Comentario

  • yulitza butto

    buenas primero mis disculpas yo se que este no es el medio pero fue la unica manera que conseguí para comunicarme pero estoy interesada en comunicarme con el sr carlos gutierrez ya que si es posible su primo el sr miguel gutierrez menendez esta interesado en hablar con el si es usted por favor necesita su numero de telefono puede mandar a este correo. pido disculpa por utilizar este medio gracias.

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