Por Alejandro Maglione

amaglione@datamarkets.com.ar

 

El vino y la religión. No hace falta ser un experto en temas teológicos para saber que el vino como producto simbólico forma parte de la liturgia de diversas religiones. Participó en algunas  ceremonias con relevancia creciente, hasta llegar al cristianismo que termina por considerarlo no sólo la representación de la sangre de Cristo, sino que se la considera como si fuera la sangre misma gracias al producirse el milagro de la transubstanciación durante la celebración de la Eucaristía. Nada más y nada menos.

 

Lo real es que si se suman los textos del Antiguo Testamento con los del Nuevo Testamento (suerte que dije que no íbamos a andar por senderos teológicos) es sorprendente advertir que el vino aparece mencionado más veces que, por ejemplo, el camello; siendo que este animal tenía una presencia e importancia significativamente mayor para los habitantes del Medio Oriente y toda la Tierra Santa.

 

Una pregunta de estilo para atrapar a un joven sommelier es si puede imaginar con qué cepa se habría hecho el vino que Cristo bebió en la última cena. La respuesta, si es que el preguntado arriesga una, suele ser: Syrah. Y las razones que se suelen esgrimir es que era la cepa insignia en Palestina en los tiempos bíblicos. Pero resulta que se van descubriendo yacimientos arqueológicos muy bien conservados, donde las hojas de vid razonablemente bien conservadas que se han encontrado pertenecen a la cepa Lambrusco, por lo que la pregunta picarona pareciera tener ahora más de una respuesta.

 

El vino en la historia. Para los romanos era fundamental que los territorios que iban ocupando para anexar a su imperio, fueran prontamente poblados con viñateros. Afincar a estos laboriosos labriegos significaba, en teoría, una primera línea de resistencia a los bárbaros, ya que los conductores militares sostenían que pelearían bravamente antes de perder sus tierras.

 

Incluso hay escritos muy antiguos en los que se informaba a un rey que no valía la pena invadir tal o cual territorio porque: “…es tan pobre que no se han podido encontrar rastros de viñedos….”.

 

Los vikingos de Erico el Rojo, que son los que llegan a América antes que Colón, llamaron a aquellas tierras que hoy estarían ubicadas en el Canadá, Vinland, porque los fieros navegantes se supone que se encontraron con viñas al tocar tierra. (Otro lío, porque la teoría era que las primeras estacas de uva llegaron al continente americano en manos de los conquistadores españoles…¿y entonces?)

 

Como si esto fuera poco. Ahora resulta que aparecieron vasijas cerámicas que habrían contenido vino,  con inscripciones anteriores al año 600 a. de C., que darían a entender que anteceden a la destrucción de Jerusalén por parte de los babilonios. Es decir, antes cuando se creía que habían comenzado las Sagradas Escrituras…

 

Las traducciones que se han realizado permiten concluir que estas eran órdenes dadas a un intendente de guarnición judío llamado Eliashib para que entregue vino, harina y aceite a sus tropas.

 

Pronto, alrededor de 1970,  le pusieron mano al asunto científicos de la Universidad de Tel Aviv, que concluyeron que las vasijas provenían del Fuerte de Arad, próximo al Mar Muerto (que ya se puede decir que merece el título de yacimiento arqueológico estrella para la historia de Israel). El lugar se ubica entre el Reino de Judá y el Reino de Edom, y se piensa que albergaba a una guarnición sumamente pequeña de alrededor de 30 hombres.

 

Para los amantes del vino es fundamental advertir que se lo menciona expresamente en tiempos muy antiguos. Lo que no quiere decir que no existan referencias mucho más antiguas en otros lugares. Para los arqueólogos lo que significó esta escritura es que es una evidencia de que  ya había una alfabetización generalizada del pueblo hebreo, como para que un superior pudiera dar instrucciones a un subalterno por escrito.

 

Redondeando. Los rastros de vino muestran que hay que corregir un poco el almanaque bíblico porque algunas cosas parecieron haber sucedido antes de lo pensado. El vino sigue enriqueciendo las Sagradas Escrituras hasta de las formas más impensadas. Personalmente, a veces trato de imaginar la escena de la curda del pobre Noé que terminó quedándose desnudo a la hora de dormir la borrachera. Pero ese, ese es otro tema…

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