AUSPICIA ESTA SECCIÓN ALAMOS

Por Fabian Couto.

En el año 2014 estos dos grandes enólogos decidieron emprender un viaje en pos de nuevos vinos sin quizás saber que terminarían llegando a realizar un viaje retrospectivo, al corazón de sus almas, a sus raíces.

Fue en el año 2014, habiendo triunfado en Argentina con sus vinos y teniendo cierto renombre en Europa, que deciden viajar por primera vez a España, Galicia y fue estando en Vigo que cuentan pudieron apreciar grandes vinos blancos, vinos mayormente de guarda, como el Albarinho de Rias Baixas.

Fue en el 2007, luego de pasar por Italia, visitando a sus formadores fue que anidó en ellos la ilusión de hacer vinos en Europa, especialmente en un lugarcito en Vigo que los encandiló con sus vinos blancos.

Tiempo después, contaría Hector Durigutti, los hermanos decidieron regresar a Galicia y guiados por un amigo sommelier y con un proyecto gestando en mente regresaron al lugar que los sedujera en Vigo.

Se enamoraron de Ribeiro y al ver la Ribera Sacra quisieron quedarse a vivir, pueblos mágicos con una esencia donde el tiempo pareciese haberse detenido. Fue un primer contacto con gente de la Aldea, pero este relato recién empieza…

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LA ALDEA.

Cuando llegaron al Ribeiro, conocerían gente que les abrió las puertas de sus casas y los trataría como si fuesen de la familia.

Luego volverían invitados para hacer un vino y se quedaron para toda la vendimia. Desde Italia, el enólogo Italiano, Attilio Pagli, decidió sumarse a la aventura de hacer algo en Galicia.

La gente de la aldea, Las Bouxas, les ofreció finalmente sumarse a un lindo proyecto en común que estas tan solo 7 familias viviendo en 14 casa, venían llevando a cabo y los invitaron a hacer sus vinos, sabiendo los hermanos que si iban a poner un pie en el pueblo, lo harían con el compromiso de ir todos los años.

Comenzaba a anidar en sus almas, esa sensación de haber encontrado su lugar en el mundo.

La gente del pueblo, les otorgó luego la oportunidad de comprar tan solo 9000 metros cuadrados.

En Las Bouxas, son todos minifundios, pequeñas parcelas, todos los pequeños productores tenían sus tierras y la gente joven decidiera emigrar a las grandes capitales a estudiar, quedando sólo la gente grande con sus vinos históricos, caseros.

Un pueblo condenado a desaparecer , que un un dia decidió armar un consorcio de 27 hectareas, quizás el más grande de Galicia, de gente de un pueblo que para no perderlo, se unió para bregar por un bien en común.

A nosotros nos dieron la generosa oportunidad de comprar 9000 metros cuadrados, dice Hector no sin cierta emoción, antes de ceder el relato a Pablo Durigutti, su querido hermano.

Casi una hectárea, no es casi nada para hacer vino en Argentina, pero allá es mucho, muchísimo para hacer realidad un sueño.

El tiempo los llevaría a comprar una casa centenaria, casi derruida, que hoy es una bodega chiquita de pueblo, recuperada.

El concepto de hacer vinos resultaría de hacer vinos tal como se trabajaba ahí y no cambiar nada, simplemente poner la impronta de estos dos hermanos grandes hacedores de vinos y dejar que el pueblo, el terruño, la aldea y su gente los lleve por el camino que tenía que ser.

 

TRANSPOLAR LO QUE EL VIÑEDO, DA.

Lo único distinto que los hermanos decidieron hacer para la elaboración de sus vinos de aldea, fue comprar una ánforas italianas, de mil y máximo 3000 litros, son de arcilla y cemento.

Algo revolucionario quizás, no solo para el poblado sino quizás para España, ya que no hay antecedentes, de antes haber mandado estas ánforas a España. Incorporarían de este modo tecnología a la tradición.

Los colecteiros o pequeños productores que hacen sus vinos en apenas 2000 metros acostumbraban prestarse los tanquecitos de acero inoxidable, esos anteriormente eran sus recipientes para fermentación.

En la aldea, la única prensa hidráulica es también prestada entre la comunidad.

Vinos que no necesitan mucho, porque hace 50 años que las familias los vienen haciendo y donde la vedette es el suelo, el clima de una zona muy particular.

Los Durigutti se limitaron a seguir la esencia de la zona, a transpolar, como sólo ellos saben, lo que el terruño sabe dar hace décadas.

 

DOS VINOS CUYA ELABORACIÓN EN LA ALDEA TIENE RIBETES DE FIESTA.

Los RAICES DEL MIÑO, vinos de Castrelo Das Pedras 1836, son varietales de mucho paso, con una acidez natural tan fuerte fruto de condiciones climáticas favorables, blancos con uvas de gran concentración en el viñedo que luego se expresan en la botella.

FB_IMG_15434024543761207 Una zona particular, atravesada por el Río Miño que desemboca en Portugal, los viñedos se ubican a 45 km del Atlántico, o sea son vinos donde a a su vez el río obra como mar, teniendo amaneceres con mucha bruma, lo cual permite una maduración constante beneficiosa para los blancos, las temperaturas son de días cálidos y noches muy frías, lo que favorece una acidez natural altísima que permite vinos blancos de guarda, cosa no común en Argentina.

El varietal Treixadura 2017, es un blanco respetuoso de una elaboración tradicional, con la única diferencia de criarse en las ánforas de cemento (Cocciopestos), algo de damasco con final mediano y ese toque amarguito que todo buen D.O. RIBEIRO que se precie ha de tener.

Vinos que pasan sus 3 o 4 meses sobre lías y muy oxigenados y limpios por decantación.

El blend CEPAS AUTÓCTONAS es 50% Treixadura , 45% de Albariño, 4% Godello y 1% de Loureira, variedad con gusto a hoja de laurel. Subyugante integración de cepas, intenso aroma y cierto retrogusto de frutos tropicales, que lo hacen algo parecido a nuestro Viognier.

Los vinos de los Durigutti son dos nuevos blancos de Galicia, tierra de historia con mucha influencia arcaica, que crece turísticamente día a día, donde lo importante de entender no tan solo es el año, lo que la añada da, sino que se consiguen vinos que siendo blancos, evolucionan como los tintos Argentinos.

Dos blancos para coleccionar, dos vinos de guarda, dos grandes blancos de variedades autóctonas de Galicia.

Vinos magníficamente hechos por estos dos hermanos, cuya elaboración en estos pueblos de ensueño y tremendo potencial, pareciera haberles cambiado la vida; a dos de nuestros mejores enólogos.

Salud!

Pd: Sólo 1500 ejemplares disponibles en Argentina.

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