A pocos kilómetros de Puerto Madryn, se encuentra un rincón salido de un cuento de hadas. Su nombre es Gaiman, un pueblo colonizado por galeses que parece haberse detenido en el tiempo, y que se caracteriza por un tradicional circuito de casas de té con excelente pastelería, que tuvo el honor alguna vez de contar con la visita de la ex princesa de Gales, Lady Di.

Darse una vuelta por la pintoresca ciudad chubutense de Gaiman, no implica simplemente apreciar un bello paisaje, disfrutar del aire puro que allí se respira o admirar aquellas simpáticas construcciones del siglo XIX, sino que también requiere -de forma obligatoria- participar de una tradicional merienda galesa en alguna de las casas de té que allí se instalaron desde hace años. Un ritual que ha marcado a esta increíble aldea patagónica, y por el cual, miles de turistas la visitan anualmente para descubrir aquel hábito europeo llamado five o’clock (cinco en punto), pero made in Argentina.
Desde el ingreso a uno de estos clásicos comercios, todo huele delicioso y parece ser ajeno, casi internacional. La ambientación con manteles a cuadros, flores frescas y música celta funcional generan un clima cálido y acogedor, irresistible para compartir un momento en familia o en pareja. Al sentarnos a la mesa, una mesera puntillosamente peinada y vestida, se aproxima para darnos la bienvenida a lo que sería una experiencia única para los amantes de la pastelería y la gastronomía en general. De ojos pequeños, mirada fría y con una piel tan blanca como el terrón de azúcar que apoya en la mesa sin hacer ruido alguno, esta mujer, que en su rostro refleja a sus antepasados europeos, será la encargada en toda la tarde de servirnos las infusiones cada vez que la tetera agonice de contenido. Se trata de una nieta de inmigrantes que hoy continúa compartiendo sus tradiciones tal como lo hacían su abuela y su madre. Aquí no se necesitan cafeteras de última generación ni televisores con pantallas kilométricas: todo es gerenciado por un ambiente calmo que le escapa a cualquier prototipo de casa de té o cafetería porteña. “Perdón, ¿tienen Facebook?”, le digo, inocente, a la mesera. A lo que con ojos azorados me responde: “¿Qué cosa?”. “No existe modernidad sin una buena tradición”, diría aquel sabio y conocido proverbio gastronómico otorgado por el anonimato.
Una tetera vestida con un colorido tejido de lana es aproximada a la mesa, para que luego lleguen los scons, una gran variedad de tortas, panes caseros, manteca, mermelada y la tan ansiada Torta Galesa. Ésta última no es una torta cualquiera, sino un producto autóctono del sur de nuestro país creado por los colonos galeses que inmigraron en el año 1865, tras su llegada a lo que hoy se conoce como la ciudad de Puerto Madryn, a bordo del velero “Mimosa”.
Esta torta negra que, por cierto, requiere de un proceso de elaboración de 45 horas, nació a partir de la combinación de diversos productos que las amas de casa de aquellos años tenían a su alcance: harina, azúcar, manteca, frutas abrillantadas, nueces y especias componían una sinfonía de sabores que daban como resultado un producto noble, cuya cualidad principal, era la de mantenerse en perfecto estado para su consumo durante, al menos, un año (sí, un año).
En 1995, Diana Frances Windsor, más conocida como la Princesa Diana, luego de su paso por Puerto Madryn, visitó Gaiman. Allí se dirigió a la casa de té Ty Te Caerdydd, donde todavía conservan intactos los blancos, la taza y los cubiertos que ella utilizó. Aquella tarde de noviembre, la Princesa sólo bebió algunos sorbos de un té con leche, y se privó de probar las 26 clases de tortas que la casa ofrece. Hoy, en Ty Te Caerdydd se puede encontrar una placa conmemorativa y un retrato de Lady Di en el que algunos de sus seguidores le siguen ofrendando rosas.
En esta postal antigua que el tiempo no deteriora, toda receta del pasado es aprovechable y severamente respetada. Nada está destinado a cambiar en esta pequeña ciudad de Chubut, en este pueblo de tradiciones gastronómicas que parece salido de un cuadro de otro tiempo.
 

Estefania Schuetterle
Estefania Schuetterle es Cocinera y Pastelera
egresada del Colegio de Cocineros Gato Dumas.
Fanática de la cocina molecular pero devota de las recetas de su abuela.
Su blog: www.cannelledc.blogspot.com

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8 Comentarios

  • Wilma Ballesteros

    Maravillosa nota! parece un lugar digno de visita desde todo aspecto. Me transportó allí. A agendarlo para el próximo año!

  • Sergio Sartorio

    Muy buena.

  • JuanCosta

    innteresante, pero para mi que estoy tratando de bajar de peso, leer esto con tantas tortas y dulces me hace peor que la peste bubonica. chubut es hermoso, pero el oeste no lo conozco.

  • leticiaquirque

    Me encanta ese lugar! es mágico! es un lugar como perdido en el tiempo, las señoras que te atienden son como tu mamá, y lo principal: la comida es ESPECTACULAR! esas tortas galesas por DIOS!!! ufff ahora me dieron ganas de ir…

  • Joco

    Tuve la oportunidad, va la voluntad, de ir en 2 ocasiones a Gaiman para probar el famoso té galés y la verdad que lo recomiendo a todos los que puedan pasar. Vale la pena manejar varios kilómetros exclusivamente para relajarse una tarde entera y probar la gran variedad de tortas, dulces y tés que tienen en esta ciudad. Una experiencia diferente y muy recomendable. Muy buena nota !

  • Lucas

    Parece un buen lugar! Hay que ir. Pensar que hace 17 años estuvo Lady Di tomando el té en son de paz, y ahora su hijo William viene a hacer pruebas militares a las Islas Malvinas. Como cambian los tiempos! Muy bien redactada la nota. Veré tu blog. Salud!

  • juancho

    Tengo ganas de ir , pronto estare por ahi

  • Noemí Delgado

    ¡Qué maravilla! a fines del 2010, tuvimos la suerte de visitar la casa de té mencionada y es tal cual se expresa en el artículo. El ambiente, la sensación de estar en un cuento de hadas, con unos jardines muy cuidados y gente cuya dedicación y esmero, hacen que se viva un momento inolvidable. Una mención especial para las exquisiteces que se pueden degustar y un recuerdo del paso de lady D, un hermoso cuadro acompañado por un ramo de flores inconmensurable y especial y la vajilla que usó cuando pasó por allí (está la taza sin lavar, con el color del té que con el tiempo dejó su huella). Todo salido, como dije antes, de un cuento de hadas…

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