Por Alejandro Maglione

¿Qué pasó? Los amigos del Banco de Alimentos de Tandil, liderados por su presidenta Liliana Cagnoli, tuvieron la buena idea de convencer a la Asociación de Hoteles, para que la Semana de los Sabores de Tandil, además sirviera para generar recursos para el banco. La Asociación puso a su vicepresidente, Ariel Bardisa, a movilizar hoteleros, cabañeros, restauranteurs, productores, y la verdad es que se formó una muy interesante masa crítica.

Tandil. Es una ciudad que tiene todo lo que hay que tener. Un buen clima. Un mejor paisaje serrano.  Una gestión municipal que hace que quienes volvemos de tanto en tanto descubrimos permanentes mejoras. Una comunidad que hace del turismo una causa común. La atención es uniformemente amable. Tiene buenas rutas de acceso para llegar…

La gastronomía. La cantidad de locales gastronómicos es realmente impresionante. Siempre que hay abundancia, sabemos que debemos hacer nuestra opción de manera tranquila y escuchando a los lugareños.

Hacen un culto de la comida de las abuelas, la denominada “comfort food”, habiendo podido apreciar que hay mucha presencia familiar en los locales.

Curiosamente, se encuentra excelente comida de mar en lugares como “Tierra de Azafranes”, donde comí un risotto perfecto, siendo que hacer un risotto perfecto no es nada fácil. Ricardo Camgros, su dueño me explicó que el secreto es muy sencillo: lo hacen en el momento.

Comí comida de autor de la mano de Sergio Vedovelli en su “Cocina Soho”. No puedo dejar de remarcar la buena mano que tiene Sergio para la sazón y que en su lugar se honra a los maravillosos productos locales. En un plato usó “nduja” de una manera magistral. No es fácil lidiar con ese embutido italiano. Después apareció un plato con una estupenda chistorra. Y unos ñoquis rellenos memorables, honraban al queso tandilense.

Los productos. Tandil es una importante cuenca lechera, lo sabemos bien cuando recordamos los quesos Magnasco que llegaban de allí. Aparecieron productores artesanales que incrementaron la variedad y calidad.

Pocos saben que cuando están allí, pisan la tierra del lugar donde se obtuvo la afamada DOC –Denominación de Origen Controlada- para el salame tandilero. Esto significó reunir a los principales productores, sentarlos en una mesa a acordar las características que tiene que reunir el producto para poder denominarse así. Como con otros temas, los tandilenses lo lograron.

Visitar la fábrica de embutidos y chacinados Cagnoli fue ver la potencia de una familia que redobló su apuesta año tras año. Ver los depósitos donde maduran sus productos es literalmente sentirse en el cielo de los gordos. De guardapolvo blanco y merodeando por las distintas salas, se lo encuentra a don Hugo Cagnoli, un adulto mayor, que, pese a jurar que entregó las riendas del negocio a sus hijos, está todos los días atento a lo que pasa en la fábrica. Caminar con él y ver que los empleados jóvenes se acercan y lo saludan con un beso, es entender lo que pasa empresarialmente.

Horas después fui a Cabaña Las Dinas, allí estaba Carlos Panighetti, representando a la familia que hace del embutido artesanal un culto. Nuevamente familiares trabajando codo a codo con sus empleados. Preguntado sobre cómo se comparaban con su competencia, Carlos no duda en responder: “tenemos excelente relación entre nosotros, pero no hay competencia: nosotros hacemos 20 toneladas mensuales de productos y ellos 1000”. Clarito, clarito…

La moda de las cervezas artesanales no podía estar ausente, así que visité el lugar donde hacen la “Tandilia”. Increíble profesionalismo. Gente joven y emprendedora que rápidamente evolucionó del garaje que pareciera que fuera norma usar para hacer las primeras cervezas. Hoy tienen un equipamiento impresionante y sus productos por diversas partes del país, incluida la lejana Río Gallegos. Empeñosos, adosado a la fábrica han instalado un bar donde se consumen casi directamente el tanque.

La oferta turística. No importa para el lado que se salga de paseo, seguro que en esa dirección hay algo para disfrutar. La piedra del Centinela, con propuesta gastronómica propia y cultivos de aromáticas por alrededor. La Movediza, donde vemos una réplica de la famosa roca inmensa que un día para estupor de todos, a comienzos del siglo pasado, decidió abandonar su enclave. Paseos a caballo por las sierras. Canchas de golf para todos los gustos. Si de tenis hablamos, estamos en la cuna de muchos de nuestros mejores campeones, comenzando por del Potro.

El tandilense aprecia el turismo y lo recibe con extraordinaria amabilidad, por eso no sirve de nada listar lugares a visitar, son demasiados, lo cual deja totalmente abierta la posibilidad de regresar.

El alojamiento. Existen posibilidades para todos los gustos. Quizás esté ligeramente saturado de hoteles, por eso aprecié alojarme en la Posada del Molino, donde tienen un complejo de cabañas que no exagero en decir que son 5 estrellas, porque están puestas con  todo el confort, al que le suman baño con yacuzzi. Me permitieron alojarme con mis perros y viví el placer campestre de despertarme con el canto de los pájaros.

El Banco de Alimentos. Está tan bien gestionado que sirvió de modelo para el que organizaron en el Uruguay. Visitar sus depósitos es asombrarse de la limpieza, el orden y la logística que utilizan. Sobra el trabajo voluntario y tratan en lo posible asistir a las familias directamente para que los hijos coman en la mesa de sus casas.

Una noche se hizo una cena a beneficio de este esfuerzo y asombró que el salón estaba absolutamente lleno. Hasta se dieron el lujo de invitar al conjunto musical “Los Chefferson”, un grupo de marplatenses, que cantan a la comida y las bebidas con canciones que ellos mismos componen. No faltó nada. Hasta se permitieron servir vinos tandilenses producidos por Matías Lucas y su familia, que presentó su “Cordón Blanco-Cabernet Franc 2017”.

Conclusión. Tandil está para comérselo todo y aprovechar los recorridos por las sierras para no ganar peso…aunque es difícil que no se vuelva con algún gramo de más. Se puede ir solo, con el amor de su vida, con su familia o con sus mascotas, pero vaya que no se arrepentirá.

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