Alejandro Maglione

Por fin los porteños podemos respirar tranquilos después del ciclón que significó la presencia de los presidentes, sus comitivas y custodias de los países miembros del G20.

Ciertamente, el número que hace falta realizar con más detalle es qué le dejó a la ciudad de Buenos Aires el haber sido anfitriona de semejante movida. Porque que la muchachada gastó, gastó.

Nadie duda que uno de los primeros beneficios fue haber puesto en el mapa mundial a la ciudad por algo más de 48 horas. Y que en ese mapa no nos destacamos por las agresivas manifestaciones callejeras. Los temas predominantes fueron la moda en las primeras damas; el manejo de idiomas que demostraron algunos funcionarios; hasta fue noticia la carga de combustible de la famosa Bestia que transporta al presidente de los Estados Unidos. A veces, la pavada misma.

También fue interesante que muchas personalidades relevantes se hayan dado el tiempo para poder visitar algunos de nuestros restaurantes. Justamente, sirvió para profundizar el esfuerzo de poner a nuestro país y en este caso a la ciudad de Buenos Aires como un interesante destino gastronómico, que se suma a las muchas otras virtudes que la adornan.

Lo interesante fue el sigilo con que se manejó todo el asunto de estas visitas a algunos de nuestros restaurantes. Gracias a una cuidadosa investigación pude saber que hubo cierta preferencia orientada a las parrillas. Era de suponer que la cosa iría por allí, porque visitándolas en semanas antes de que comenzara todo este imbroglio varios de los lugares con buenas carnes mostraban una abigarrada concurrencia de extranjeros con ciertas coincidencias: todos hombres; pelo cortado a la media americana; lentes oscuros en todos al entrar…En fin, un estereotipo bien conocido.

Los responsables de los lugares fueron mudos, antes y después. Por suerte, hay mozos que, sin llegar a ser indiscretos, deslizaron algunas perlas. Veamos.

Por ejemplo, en Puerto Madero lo recibieron al presidente de Francia, Macron, con gran sorpresa: había una reserva para 6 personas y aparecieron 50…Hay que tener una brigada de cocineros y mozos bien afinada, para que se anuncien 6  y lleguen 50, y la cosa salga bien.

Al comienzo se desorientaron porque no faltó medio que nos hiciera conocer de “buena fuente” que el mandatario francés era vegetariano. El hombre resulta que no se pudo resistir a un ojo de bife, luego de experimentar con algún chorizo sumado a alguna empanada. Para el postre muchos pidieron ensalada de fruta y había un plato presidencial amorosamente armado. Acto fallido. Emmanuel Macron pidió un popular flan con dulce de leche.

El mismo lugar fue visitado por la primera dama de China. Aquí la cosa no fue complicada por la cantidad de gente, porque fueron los que estaban previstos, sino que los chinos, quizás para no ser menos, se movían con sus propias Bestias, que por su tamaño no podían acceder fácilmente al lugar elegido de Puerto Madero. Enterado del problema, Rodríguez Larreta, demostrando su eficiencia, mandó una cuadrilla que hizo bolsa todo a su paso, permitiendo que la 兽 (bestia en chino, pronunciar “shou”) utilizara parte de la vereda para desplazarse.

En este caso, trascendió que, al habitual bife de chorizo, la primera dama lo complementara con una propuesta de achuras, que sorprendió a propios y extraños.

También se vio merodeando una multipremiada parrilla parlemitana a Angela Merkel. La Canciller alemana se ve que pensó que quizás era la última visita oficial que haría a nuestro país e hizo todos los honores a las excelentes carnes que suele asar Tito en ese lugar (¡glup!, perdón, me había propuesto en no hacer nombres de los lugares de los que hablo).

Curiosamente, Dilma Rousef, que anduvo animando una alicaída contra cumbre, se refugió en un lugar con especialidades peruanas que está cerca de la Plaza San Martín, disfrutando de un lomo salteado y algún que otro ceviche.

Fue difícil detectar con precisión las etiquetas de los vinos que bebieron, si bien eran todos de precio. Aunque sea incompleto el listado  por los que no logré que me contaran, las bodegas más mencionadas fueron López, Catena Zapata, Salentein, Fin del Mundo, Rutini, Luigi Bosca, pero sé que fueron más las que pudieron probar fuera del programa oficial, el que cuidadosamente incluyó vinos de las distintas regiones del país.

Por último, quiero destacar la impecable tarea que desarrollaron en las comidas oficiales muchos de nuestros grandes cocineros: Francis Mallmann, Fernando Trocca, Guido Tassi, Bruno Guillot, Tommy Perlberger, Josie Bridge y tantos otros que no durmieron durante más de 48 horas para atender a este ejército de visitantes que demandó el máximo esfuerzo para que todo saliera 10 puntos. Las brigadas de mozos lucieron como cuerpos de ballet.

¿Cuándo volveremos a tener un evento de esta magnitud? Difícil saberlo, lo que queda claro es que capacidad  sobró. ¡Bien ahí!

 

 

 

Fuente de imagen: https://www.alternativaprop.com/blog/por-que-crece-puerto-madero/

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