AUSPICIA ESTA SECCIÓN ALAMOS

Por Couto.

Valencia me recibió con un calor aplastante y una puesta de sol sobre el mar, subyugante.

En viaje a Barcelona, decidí parar unos días en la cuna de la paella, Valencia, la meca arrocera y así saber cómo sería probar este plato mítico de la gastronomía Mediterránea, en toda su magnificencia.

Como no había elegido hotel previamente, decidí alojarme en el centro de la movida de hoteles y restaurantes amontonados frente al mar sobre la primera línea de playa de Valencia, la rambla más conocida como, Paseo Neptuno.

Luego de arrojar mi valija en mi habitación del hotel Mira Mar, bajé y le consulté a una señora con aspecto de conocer buenos lugares que estaba en la recepción, donde podía probar la mejor paella de Valencia.

Su respuesta no se hizo esperar, y que no hizo más que confirmarme lo que ya sabía: “La Pepica” con sus más de 120 años es famosa en todo el mundo y es el lugar elegido donde los Valencianos van, tal como dijo esta elegante señora…”cuando queremos darnos el gusto de salir a comer una buena paella”.

 

LA PEPICA, UN POCO DE SU HISTORIA.

Según me contaron un matrimonio oriundo de Segunto (un pueblito en ruta camino a Valencia) llegaron a Valencia con la ilusión de subsistir trabajando en su puerto.

Fue así que Francisco Balager Aranda y su consorte Josefa, comenzaron a vender en un carro, refrescos y “bocadillos” a los trabajadores y paseantes.

Fue más tarde el rey Alfonso XIII, quien otorgó los primeros permisos para la instalación de “chiringuitos” de madera en el paseo marítimo para atención de los bañistas.

Recién a principios de 1923, se les permitió a varios de estos puestos comenzar con una obra definitiva y así fue que naciera, La Pepica.

En la actualidad, el Restaurante La Pepica, es atendido por la tercera generación del matrimonio fundador.

 

EL RESTAURANTE.

Hemingway, Ava Gardner, Orson Welles, el famoso pintor Valenciano Joaquín Sorolla , los más prestigiosos toreros, los mayores personajes de la sociedad española y del mundo; han desfilado por sus mesas.

El actual Rey de España, pareciera no pasa por Valencia sin contar en su agenda real con una cena en La Pepica.

En primera línea del paseo sobre la playa, sobre la playa Malvarosa o en un elegante salón principal de más de 450 cubiertos, dia a dia y noche a noche la paella es la vedette de las mesas, mientras se come contemplando el Mediterráneo.

PAELLA LA PEPICA COMEDOR

MI EXPERIENCIA.

Mi hotel quedaba justo al lado, y tuve la suerte que aún sin reserva previa pude conseguir una buena mesa en la terraza de la vereda, de costado al salón principal.

Un mozo, con evidente sapiencia de servicio y gran amabilidad, me advirtió que la paella salía solo para dos, pero que el mismo se iba a encargar que se me sacara como venía pero que se me cobrara para uno, algo conmovido quizás, que era el único comensal sentado sólo y sin compañía a una mesa de La Pepica.

Luego de pedir una copa, la primera de una serie, de un muy rico vino rosado de Rioja y mientras degustaba unos boquerones, me apresté a esperar mi tan ansiada y bien ponderada, paella Valenciana.

 

LA MAGNIFICENCIA SOBRE LA MESA.

Para todo Valenciano de buena cepa, hay una ley inquebrantable que no todo el mundo pareciera saber, la verdadera paella lleva pollo, conejo, judías verdes, (arvejas en forma de chaucha), arroz bomba valenciano, alubias y pará de contar…

La paella tal como la conocemos, con Mariscos y pescados, para ellos no es la original.

Finalmente, radiante y cautivante en su sartén con agarraderas, una descomunal paella hizo su aparición en mi mesa.

Hago un alto aquí para hacer una aclaración, el nombre de este plato debe su nombre, paella, a la sartén que se cocinaba en la vieja Roma, del latín “patela”, que deformó al Valenciano, en “Paella”.

A primera vista, pensé para mí, que jamás de los jamases, sería capaz de poder engullir en su totalidad tremebunda ración.

Al primer bocado de este ingenioso manjar, caí seducido por su sabor, genial, diría descomunal.

Esta paella resultó ser una insigne sinfonía de sabores que me estalló en la boca, todo ingrediente se distinguía, se complementaba, era una concentración de glorias que me instaba a no dejar nada en el plato.

Cuando creí que quizás no podría comer más, comencé a disfrutar de lo esencial, el “ socarrat” la parte preferida de todo entendedor, donde el arroz se pega a la sartén que aunque pareciera quemado, no lo está, sino que es simplemente una capa de arroz algo tostado fruto del concentrado de jugos y sabores de la paella.

PAELLA VALENCIANA PEPICA

Comprendí que nada se deja, cuando la paella es verdaderamente bella, imposible abandonar inacabado un plato tan hermoso donde, del primero al último bocado es delicioso.

Acabé tan maravillosa noche, bebiendo un Oporto en la terraza de mi hotel, contemplando el mar y con la necesidad de agradecer a la vida, tan magnífica experiencia.

Salud!

Gracias, a Eleonora Rutilo, quien me insistió a que no dejara de vivir esta experiencia.

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