Las fiestas de fin de año, además de ser ocasión de balances, son un momento de encuentro con nuestros seres queridos, familiares y/o amigos. Lo cierto es que priman las ganas de compartir con los otros y qué mejor que una rica comida o plato especial para agasajar a quienes nos rodean.

Dicen por ahí que por el estómago se llega al corazón y que quien cocina siempre lo hace con amor, sin importar de qué preparación se trate. La comida se convierte en el centro de reunión alrededor del cual se organiza la celebración de estar todos juntos.  En la mesa de fin de año cada uno hace su pequeña contribución: ya sea haciendo tomates rellenos, vitel toné o hasta luciéndose con un pan dulce o incorporando alguna novedad gourmet. Es esa magia de encontrarse, de reunirse y compartir, de regocijarse en el afecto que también se transmite con la preparación de un plato para una ocasión especial. Todo se transforma en la oportunidad ideal para desempolvar las recetas de la abuela y revivir esos sabores maravillosos que acompañaron nuestra infancia, dándole a lo casero un lugar privilegiado en nuestra mesa.

Por otra parte, también es cierto que nunca faltan anécdotas de estas fechas. Siempre está aquel que le saca la fruta abrillantada al panetone y el que se entera que el famoso vitel lleva sardinas en su salsa, como también están aquellos que cuestionan que comamos esos dulces tan característicos pero  muy calóricos (aunque muy ricos y tentadores) en una noche de pleno verano con más de 30 grados de calor.

Sea como sea, haya lo que haya, sigamos compartiendo y celebrando cada encuentro con una comida que nos haga felices y nos haga bien al espíritu. ¡Qué el 2017 traiga cosas ricas para todos y millones de momentos para compartir!

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