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Tiene 40, cocina desde los 20 y hace 5 años abrió La VinerÃa de Gualterio BolÃvar, que movió el piso de la gastronomÃa local. Ahora quiere barajar y dar de nuevo. Alejandro Diglio, cocinero curioso desde chico, cuando experimentaba con sus vasos de leche con cacao, hielo y crema, cuenta cómo se enamoró de la gastronomÃa y por qué no existe la cocina molecular.

Alejandro Diglio, chef y dueño de La VinerÃa de Gualterio BolÃvar, uno de los restaurantes de lo que se conoce como gastronomÃa molecular más reconocidos del paÃs, se define a sà mismo como “hirasicÃnico”: irónico, sarcástico y cÃnico. Un bahiano que, de las pocas cosas que tiene claras, la más importante es que desde el primer dÃa que entró en una cocina sabÃa que eso era lo que querÃa hacer para el resto de su vida. Trabajó en la meca de la cocina de vanguardia, El bullÃ, dio clases de tecnologÃa de los alimentos, quÃmica culinaria y cocina de vanguardia durante más de siete años. Un dÃa dijo “no quiero enseñar más, quiero cocinar, hacer las cosas a mi manera”, y asà nació La VinerÃa.
¿Cuándo decidiste que querÃas dedicarte a la cocina?
Antes que nada me gusta comer, después soy cocinero; esto es fundamental. Un cocinero al que no le gusta comer, ¿para qué es cocinero? La base culinaria más importante la palpé en casa; el disfrute, la variedad, eso lo aprendà en el hogar. La comida siempre fue muy importante. Mi mamá cocinaba todos los dÃas, era una insoportable creyente de que si los chicos estaban redonditos, estaban sanos, asà que no me dejaban que no coma. La vieja tenÃa un carácter muy italiano. La comida era lo primero, era una cuestión cultural, una forma de compartir. Aprendà que cocinar es una acción de amor real, que comer puede ser algo importante y trascendente más allá de lo fisiológico. Es una experiencia singular que depende de qué se propone, quién lo propone y cómo se propone. Mi papá era viajante de comercio, un tipo curioso al que le gustaba la buena vida. Gracias a eso probé cosas que en otras casas no se probaban. Me acuerdo que cuando era chico mi viejo generalmente se iba el martes de viaje y volvÃa como a los quince dÃas. Siempre volvÃa con regalos, traÃa de cada pueblo productos gastronómicos locales: dulce de leche, salame, el queso. Comà queso azul hace treinta y cinco años cuando en BahÃa Blanca nadie comÃa este tipo de queso. Me acuerdo patente que lo pisábamos con un poco de manteca pomada, agregábamos pimienta molida y unas gotas de whisky escocés, y eso se untaba en el pan antes de comer.
Hasta que me fui de mi casa, merendé todos los dÃas pan flauta con manteca, jamón crudo y queso, y un vaso grande de Nesquik. De chico ya jugaba con texturas, aires…
¿Cocinabas cuando eras chico?
Preparaba el Nesquik con una técnica muy particular. En casa habÃa una licuadora tipo de los años 50, 60, con base de acero inoxidable, una jarra de vidrio y mil botones. El último botón era el liquifizer, ése era el botón mágico. En la jarra metÃa 3 cucharadas y media de Nesquik (ni de té ni de postre, una intermedia), y 1 de azúcar por cada vaso a preparar. Después agregaba leche entera, bastante hielo, muy frÃo, y un toque de crema al final. Era todo un juego, ver el cambio de color, la integración de los productos, saber cuándo agregar la crema para que quede bien incorporada pero que no se cortara. El frÃo, la incorporación de aire, la materia grasa (después aprendà que al polvo del Nesquick le agregaban lecitina que también ayudaba) hacÃa que aumentara el volumen, y el resultado era algo mágico. Quedaba como un aire de chocolate arriba, bien cremoso. Y en ese momento pensaba, ¿cómo hago para comer aire? Lo congelo. A veces pienso que yo inventé una forma de comer aire.
¿Cuál es tu primer recuerdo gastronómico?
Un huevo frito. El de mi mamá… IncreÃble, crocante la clara, dorada, súper caliente y la yema lÃquida pero cocida, bien salado. Pan crocante para acompañar. SÃ, ese fue el primero. Creo que el huevo fue mi primera inspiración para la cocina.
(No por casualidad su plato insignia es huevo pan trufa).
¿Cuál es la historia de La VinerÃa de Gualterio BolÃvar?
PodrÃa decirse que La VinerÃa siempre estuvo en mÃ. Hace dieciocho años que me pasé a la vida culinaria, y desde ese primer dÃa que me metà en la cocina dije “esto es para siempre”. Desde el dÃa uno quise tener un restaurante. Después, durante esos catorce años que siguieron hasta que abrió La VinerÃa, mi idea de restaurante fue cambiando, se transformó, pero siempre supe lo que estaba buscando con una seguridad tal que no sé si era arrogancia o claridad mental, o todo junto. Mi fin de tener un restaurante era cocinar, pero no querÃa copiarme de nadie y sobre todo querÃa hacer lo que yo quisiera. Restaurantes a los que podés ir todos los dÃas, ya hay tantos… Yo querÃa hacer un restaurante donde no solo fueras a comer, sino a tener una experiencia; no algo normal, yo no soy normal. Siempre hay que tener claro que es comida, no es arte. Hay que dar de comer, pero ¿cómo damos de comer? Buscamos que sea una experiencia sensitiva, apasionante. Arrancamos de cero en un espacio estanco, una ferreterÃa. La VinerÃa también es técnica y aprendizaje sobre el camino recorrido. Pensar que pan huevo trufa lo tengo creado hace siete años. Al principio ¿sabés lo que costaba hacer un huevo? Se rompÃan cuatro de cada diez, después tres, después uno, si es que se rompÃa alguno. Es técnica, y se aprende y mejora por repetición. Eso es La VinerÃa. Hoy, cinco años, siento que recién estoy empezando a caminarlo.
¿Tu menú se define como cocina molecular? ¿Qué es la cocina molecular?
No existe la cocina molecular. Toda cocina es molecular, cualquier cocina es molecular, hacer un café es molecular, un té, hervir agua para una pasta, cocinar arroz. Lo que sà existe es un movimiento que se llama gastronomÃa molecular que fue denominado asà por Herve This, Nikolas Kurti y Harold Mcgee, que son cientÃficos, investigadores. Es la búsqueda de la explicación cientÃfica para entender cómo se comportan los alimentos y qué es lo que sucede cuando se cocina. Los cocineros tomamos lo que podemos de esas explicaciones cientÃficas para mejorar nuestros resultados a la hora de armar un plato. No entiendo por qué esto escandaliza a tanta gente. Si la ciencia puede hacer avanzar la medicina, ¿por qué no a la cocina?
¿Hoy la gente sigue pensando que con un menú como el tuyo te morÃs de hambre y que es comida de laboratorio? ¿O empieza a verse mayor aceptación del público en general?
Eso de que te morÃs de hambre es una terrible mentira. Al final de dos horas y media, ingerÃs, sin contar el pan, alrededor de 900, 950 gramos de comida. La idea es que comas un poquito de cada cosa. Es como me gusta comer a mÃ. Me aburro de comer medio kilo de pasta y medio kilo de estofado; no hace falta comerse treinta y cinco piezas de sushi para estar satisfecho. Un poco de cada cosa. El problema es que hay mucho esnobismo, y estarÃa bueno que seamos menos pacatos, menos cerrados. Después, puede ser que no te guste una técnica, el sabor de un plato o que no te tiente mi menú, pero probá el de otro. Cuando la gente se pone una traba a sà misma se impide disfrutar, y estamos acá para el goce y el disfrute.
Vos, casi un cientÃfico culinario, ¿amasás y batÃs a mano?
Depende del volumen que quiero obrar y con qué materiales estoy trabajando. Si tengo que hacer una masa con mucha manteca donde hay que tratar de transferir el menor calor posible a la materia grasa para que no afecte el resultado, ¿por qué no voy a usar tecnologÃa? ¿Qué tiene de artesano hacer las cosas medio mal porque las hice a mano? La tecnologÃa está para algo, hay que aprovecharla.
¿Hacia dónde va hoy La VinerÃa?
Cuando tenés un restaurante, sos el chef, el gerente, el que barre, el que hace todo. Pasaron 5 años del restó, llevo 20 cocinando, cumplà 40. Es un momento de: listo. Pasaron muchas tormentas, soles, mareas que te hacen naufragar, y el caos está bueno, cuando se maneja. Ahora estoy en una etapa de reflexión que seguramente me lleve a un nuevo cambio. Hoy soy fácil, cada vez más. Si, total, ¿qué nos vamos a llevar?

Lucilanda
Luz es escritora, productora de televisión y chef profesional.
Está enamorada de la cocina y de todo aquello gastronómico.
Los domingos se junta religiosamente con amigos a charlar,
jugar a las cartas y cocinar (ella cocina, ellos prueban).
Asà nació su blog, cookiesundays.com.
3 comentarios
Mario • 30 Jul 2012
NAHUEL • 27 Jul 2012
pablo • 27 Jul 2012
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