Esta vez se encontraron en Guardiola. Una especie de almuerzo tardío entre libros, sonrisas y juguetes. Un lugar de filosofía “slow” para el primer beso. Nada mal. Después vinieron los mates.

Cambió la lluvia en el sillón por una hamburguesa gigante y cerveza tirada. ¿Con quién? Con el que la viene histeriqueando desde que entró en la nueva redacción. Un domingo triste que al final tuvo risas y papas fritas.

Tina volvió a Pippo después de 20 años. Los mismos vermichellis con tuco y pesto, manteles de papel y mozos corriendo. Y su misma pasión por la salsa. Después, al teatro, claro.

Fue a una clase de Juliana López Mai en Mooi y se cruzó con el candidato que nunca la llama. Amor de secundaria entre panes, galletas de sésamo y torta de ricota, almendras y limón.

Tina no encuentra casa. Pero encuentra bares. Se perdió un departamento y encontró un barcito eco friendly que te saca toda la furia.

Tina se quiere mudar. Basta de controles y de comer lo que hay en casa. ¿Un depto en Palermo cerca de los bares y restaurantes que quiere conocer? ¿Un ph con patiecito en San Fernando? Dudas.

Tina sale de feria. Y con nuevo candidato. Parece que hay amor entre los canastos de frutas y verduras, los budines de limón y amapolas y las pizarras dibujadas con mensajes para cuidar el medio ambiente. ¿Hay amor?

Dos horas, mil historias, tostadas de chipa con lemon curd, té de hierbas y lemon grass, una torta de frutos rojos y un café con leche después. Confesiones de amigas una tarde en Palermo.

“Tomé unos tragos en Río Café y dejé que se me escape un bombonazo de esos que no te cruzás dos veces”.