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Cobrar el cubierto ya es un vicio de la gastronomía porteña. Por lo que antes no se pedía un solo peso, hoy se llega a demandar entre 6 y 12. Y aunque algunos pocos “locos” aún no lo sumaron a la carta, en Palermo, un puñado de restaurantes lo tienen en 15 pesos. Un disparate del cual ni los menores están exentos. Sí, a los chicos también se les cobra.
El cubierto se convirtió –ni más ni menos- en una suerte de impuesto como el IVA. Un impuesto que nadie consigue explicar o entender. ¿Qué se supone que a uno le están cobrando?
No debe apuntar a cobrar la panera con el cuadradito de manteca que ameniza la espera del plato. Ese detalle, tan porteño, tan nuestro, existió siempre. Y pese a la llegada de la cocina de autor, el sushi, la comida fusión y la mar en coche, ese detalle se mantuvo casi intacto. Sólo dios mediante puede venir acompañado por un paté o una cazuelita de berenjenas.
Por caso, en San Pablo (Brasil) esto sí existe y sí se cobra. Se llama couvert (mismo nombre pero con el refinamiento del francés) y se puede pedir como no. Generalmente es demasiado caro y no vale la pena. Uno le avisa al mozo, apenas arribado a la mesa, que no lo va a comer y listo.
Volvamos a Buenos Aires y descartemos la panera entonces, que no parece haber evolucionado al punto de exigir un pago a cambio. Y descartemos también cualquier argumento de adicionar esta alícuota por un plus en el servicio. Uno ya paga por eso en el plato del restaurant que eligió.
El plato de ravioles nunca costó lo mismo en Belgrano que en Balvanera. Si se elige un buen restaurant, es porque se quiere comer sobre un mantel limpio, con buenos cubiertos, atendido por un mozo servicial y en un clima de distensión y armonía. Es una obviedad. Si cobrar cubierto viene a “garantizar” eso, sería por lo menos un abuso. Ridículo, también.
Tampoco existe la posibilidad que se trate de un premio a la predisposición del mozo. Eso sigue siendo jurisdicción de la propina, a través de la cual uno puede premiar esa atención. Además, la propina va dirigida al mozo y el cubierto va al bolsillo del dueño. Son dos cosas bien distintas.
Ojo, cabe sopesar una última chance. Quizás a causa del secretario de Comercio Guillermo Moreno y sus manejos exista un freno a la importación de los cubiertos y nadie se dio por enterado. Eso explicaría todo. Claro, el cuchillo se convirtió de buenas a primeras en un bien de lujo y al dueño del local no le queda otra que cobrarlo. Es decir, literalmente nos estarían cobrando el cubierto que utilizamos en el almuerzo o la cena.
De ser así, la solución al conflicto gastronómico-impositivo estaría al alcance de la mano. Como hubo un tiempo en que muchos se acostumbraron a llevar encima un frasco de alcohol en gel (¿era por la gripe porcina, no?) bien podría imponerse el traslado de un tri-set compuesto por un tenedor, un cuchillo y una cuchara.
Pronto los habría de variados diseños a tono con la ocasión elegida. Básicos, medio pelo y premium. Estos últimos, de lindos colores y mangos ergonómicos, para quedar bien en una cita, por ejemplo.
Con el correr del tiempo la novedad dejará de ser un delirio y los tímidos habrán superado la cuestión. Cuando menos se espere el pack de cubiertos se habrá instalado. Y así como ya es un clásico avisar si se tiene un descuento o promoción a la hora de pedir la cuenta, también se hará costumbre acordarse de llevar la vajilla portátil.
Quiso ser economista, con suerte algún día será politólogo.
Quiso ser cinturón negro, apenas llegó a naranja.
Quiso ser el cuatro de Boca, ni los amigos lo invitan a jugar un picado.
No le importa. Al tipo le basta viendo una gambeta de Messi o comiendo fainá y muzzarella acodado a la barra.
No pide postre, pide fresco y batata.
82 comentarios
SrCaminante • 15 Dic 2011
DrM! • 13 Oct 2011
Emilio Milicevic • 04 Oct 2011
nuri • 01 Oct 2011
noah • 30 Sep 2011
Andy • 28 Sep 2011
barbqargentina • 23 Sep 2011
Fer • 16 Sep 2011
songuch • 15 Sep 2011
Omar • 10 Sep 2011
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